Rueda de prensa de presentación de la 61ª Exposición Internacional de Arte - La Biennale di Venezia. Foto de Jacopo Salvi. Cortesía La Biennale di Venezia, 2026.
En la Bienal de Venecia 2026, la geografía del arte coincide con la de los conflictos: el regreso de Rusia, cada vez más cuestionado; la participación de Israel; y el vacío de Sudáfrica.
En una declaración conjunta difundida por el Ministerio de Exteriores de Kiev, el ministro Andriy Sybiha y la ministra de Cultura, Tetyana Berezhna, instaron a la Bienal a excluir a la Federación Rusa de la edición de 2026. Según las autoridades ucranianas, una de las principales plataformas artísticas del mundo no debería convertirse en una herramienta de propaganda para «encubrir los crímenes de guerra» atribuidos a Moscú.
En el comunicado se citan datos sobre el impacto del conflicto en el sector cultural: desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022, han muerto 346 artistas y 132 trabajadorxs de los medios, mientras que 1.707 sitios del patrimonio cultural y 2.503 infraestructuras culturales han sido destruidos o dañados. A esto se suma la remoción ilegal de más de 35.000 objetos museísticos y pérdidas económicas directas estimadas en más de 4.200 millones de dólares.
La solicitud ucraniana llega pocos días después del anuncio de la participación rusa en la Bienal 2026. A principios de marzo, el representante especial del Kremlin para la cooperación cultural internacional y exministro de Cultura, Mikhail Shvydkoy, confirmó que el pabellón de la Federación Rusa en los Giardini reabriría tras dos ediciones cerrado.
Rusia posee su propio pabellón en los Giardini desde 1914 y ha participado casi ininterrumpidamente en las exposiciones internacionales de la Bienal. En 2021, el edificio fue objeto de una importante restauración y recibió una mención especial en la Bienal de Arquitectura. Sin embargo, en 2022, la invasión de Ucrania llevó a la retirada inmediata de lxs artistas y curadorxs involucradxs en el proyecto de ese año –Kirill Savchenkov, Alexandra Sukhareva y el curador lituano Raimundas Malašauskas–, quienes calificaron la guerra como «política y emocionalmente insoportable».
En los años siguientes, el pabellón permaneció cerrado o se utilizó para otras actividades. En 2024, Rusia cedió temporalmente el espacio a Bolivia, mientras que durante la Bienal de Arquitectura 2025, el edificio albergó actividades educativas de la institución veneciana.
El proyecto anunciado para la Bienal de Arte 2026 se titula The Tree is Rooted in the Sky [El árbol tiene sus raíces en el cielo] y se presenta como una serie de performances musicales y poéticas.
En el plano político, sin embargo, la cuestión sigue siendo controvertida. El gobierno italiano se ha distanciado de la decisión, aclarando mediante un comunicado del Ministerio de Cultura que la participación rusa fue decidida «en total autonomía por la Fundación Bienal, a pesar de la postura contraria del Gobierno italiano». Roma reafirmó su apoyo a Ucrania y, con la intervención del ministro Alessandro Giuli, recordó las iniciativas italianas para la protección del patrimonio cultural ucraniano, como el compromiso para la reconstrucción de la Catedral Ortodoxa de la Transfiguración de Odesa, gravemente dañada por los bombardeos.
Críticas también han llegado desde otros ámbitos institucionales. Un grupo transversal de eurodiputados dirigió una carta a los organizadores calificando de «inaceptable» la participación rusa, mientras que el ministro de Exteriores de Lituania, Kęstutis Budrys, habló abiertamente de «oscura diplomacia cultural». Según los firmantes de la carta, permitir la participación de Rusia arriesga «legitimar a un régimen responsable de continuas violencias» y comprometer la integridad moral de la Bienal.
Por su parte, la Bienal reafirmó un principio ya expresado en el pasado: la participación en los pabellones nacionales no es decidida por la institución veneciana. Como explicó la responsable de prensa, Cristiana Costanzo, son los propios Estados los que deciden si participar y organizar sus proyectos. El presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, en las páginas de La Repubblica, defendió la idea (¡muy opinable!) de la Bienal como espacio de diálogo, argumentando que la presencia de artistas de contextos en conflicto –como Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Israel e Irán– puede contribuir a mantener abierto un terreno de confrontación cultural.
Mientras tanto, la cuestión ha movilizado también al mundo artístico. Las Pussy Riot anunciaron una acción durante la Bienal para expresar su apoyo a Ucrania y a los presos políticos. Otrxs exponentes de la escena cultural rusa disidente han sugerido iniciativas de protesta cerca del pabellón.
La movilización ya no se limita al caso ruso. El pabellón de Israel, otra presencia de alta tensión geopolítica, también es centro de una creciente contestación, impulsada principalmente por el mundo artístico. El colectivo ANGA (Art Not Genocide Alliance), ya activo durante la Bienal 2024, está recogiendo firmas para una carta que pide la exclusión de Israel de la Bienal 2026. Ya han adherido más de 130 participantes de la Bienal, entre artistas, curadorxs y operadorxs culturales de 29 pabellones nacionales y de la exposición internacional. El texto completo y la lista de firmantes se publicarán el 17 de marzo.
Israel confirmó su participación no en el habitual pabellón de los Giardini –actualmente en restauración–, sino en el Arsenale. Representará al país Belu-Simion Fainaru, artista nacido en Bucarest en 1959, emigrado a Israel en 1973, activo entre Haifa y Amberes y ganador del Premio Israel 2025. Su proyecto, Rose of Nothingness (Rosa de la Nada), curado por Sorin Heller y Avital Bar-Shay, girará en torno al tema del agua y consistirá en 16 tubos que liberan lentamente agua negra en una piscina. ANGA ha calificado el pabellón israelí de «Pabellón del Genocidio», relanzando el llamado a su exclusión. La respuesta de la Bienal fue fría. Como en el caso ruso, afirmó que no puede excluir a países reconocidos por el Estado italiano.
Sin embargo, la demanda de ANGA no ha encontrado el respaldo institucional que cabría esperar. Mientras el Gobierno italiano se pronunció con rapidez en contra de la participación rusa, ha guardado un silencio absoluto ante el genocidio en Palestina desde el 7 de octubre. Por el contrario, la primera ministra, Giorgia Meloni, ha reafirmado en múltiples el derecho de Israel a defenderse, sin matizar su postura ante las denuncias de violaciones de derechos humanos.
En el frente sudafricano, la situación se resolvió de manera opuesta: el pabellón de Sudáfrica permanecerá vacío. Tras semanas de polémicas y recursos, el gobierno de Pretoria confirmó que no participará en la 61ª edición. La decisión llegó tras la cancelación del proyecto Elegy de la artista Gabrielle Goliath, dedicado a las víctimas de feminicidio y a los asesinatos de personas LGBTQI+ en Sudáfrica, y en su nueva formulación, también a la poetisa palestina Hiba Abu Nada, asesinada en un ataque aéreo israelí en octubre de 2023.
Este artículo fue publicado originalmente en exibart Italia.
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