Vista de la exposición 'Arna (polilla)' de la artista Huaqian Zhang. © Fundació Joan Miró, Barcelona. Fotos de de Davide Camesasca.
La Fundació Joan Miró de Barcelona inaugura hoy una nueva edición del programa Espai 13 bajo el comisariado de Alejandro Alonso Díaz, un ciclo que propone pensar las relaciones entre energía, infraestructuras y espacialidad contemporánea. Titulada de las 18.12 a las 17.48, la propuesta reúne cuatro exposiciones de nueva producción y refuerza una trayectoria histórica dedicada al impulso del arte emergente.
Desde su creación, el Espai 13 ha funcionado como un laboratorio de experimentación y como un observatorio privilegiado del arte contemporáneo emergente. Durante la presentación del ciclo, el director de la Fundació, Marko Daniel, destacó la capacidad de este programa para irradiar debates y líneas de investigación hacia el conjunto institucional, generando resonancias temáticas y metodológicas que atraviesan exposiciones, actividades públicas y proyectos educativos.
La propuesta curatorial de Alejandro Alonso Díaz sitúa la energía como categoría crítica capaz de articular dimensiones materiales e inmateriales de la experiencia contemporánea. El título del ciclo alude a las horas del ocaso en el primer y último día del programa, introduciendo una lógica cíclica vinculada a la alternancia entre luz y oscuridad, productividad y reposo. Esta temporalidad sirve como metáfora para analizar infraestructuras visibles y latentes que organizan la vida cotidiana, desde sistemas logísticos hasta dinámicas afectivas y sociales.
Las exposiciones de Huaqian Zhang, Michael Kleine, Ghislaine Leung y Victor Ruiz Colomer –junto con la intervención en el vestíbulo de la Fundació a cargo de la artista y editora de Divided, Camilla Wills– se plantean como intervenciones espaciales que examinan cómo la energía circula a través de marcos legales, económicos y culturales. En el contexto de la capitalidad mundial de la arquitectura en Barcelona, esta atención hacia lo infraestructural adquiere especial pertinencia. Asimismo, el ciclo propone entender la energía como fuerza física, construcción simbólica y campo de negociación social, integrando perspectivas estéticas, lingüísticas y performativas.
La inauguración corre a cargo de la artista barcelonesa Huaqian Zhang con ARNA (polilla), una instalación lumínica y sonora que se deriva de una investigación sobre calor, percepción somática y modos alternativos de comunicación. La figura de la polilla emerge como eje conceptual: un insecto cuya orientación tradicionalmente guiada por fuentes lumínicas naturales–como la luna–se ha visto alterada por la iluminación eléctrica contemporánea. La proximidad a focos artificiales provoca trayectorias erráticas (y a menudo letales), una imagen que la artista traslada al contexto institucional.
Zhang construye así un radiador enorme, colgado en el centro de la sala expositiva y concebido como emisor de energía simbólica y afectiva. La inversión de escala sitúa al público en la posición de la polilla y activa una reflexión sobre deseo, proximidad y exposición. La incandescencia aludida aparece como proceso de transformación material y perceptiva, un umbral en el que el calor altera estados físicos y experiencias sensibles. En este desplazamiento conceptual, el radiador funciona también como metáfora institucional: la propia institución puede leerse como ese cuerpo térmico que irradia energía cultural y discursiva hacia quienes orbitan a su alrededor.
La artista define su proyecto como un «mediometraje», una denominación que desplaza la obra hacia el campo cinematográfico aun cuando se materializa sin imágenes en movimiento. La instalación térmica, articulada junto a ocho canales de audio distribuidos en el espacio, genera una experiencia próxima a la inmersión audiovisual mediante la construcción secuencial de escenas, atmósferas y desplazamientos perceptivos. El sonido organiza así un recorrido episódico que acompaña el viaje imaginario de la polilla a través de distintos capítulos, activando una percepción espacial donde calor, escucha y temporalidad convergen como vectores de experiencia.
Este trayecto atraviesa el cuerpo, espacios domésticos como la cocina y entornos urbanos como el metro, hasta desembocar en una conversación entre siete personas que emplean lenguas distintas. La comunicación se despliega mediante ritmo, intensidad vocal y temperatura afectiva, evocando también los flujos multiculturales que caracterizan la afluencia cotidiana a la Fundació Joan Miró. La noción de calor funciona como lenguaje transversal capaz de generar intercambio más allá de la semántica verbal.
Con esta primera exposición, el Espai 13 inaugura un ciclo que propone reconsiderar la energía como experiencia sensible, infraestructura política y metáfora cultural. La articulación entre investigación curatorial, experimentación artística y contexto institucional reafirma este programa como un espacio clave para observar transformaciones recientes en el arte emergente y sus modos de relación con el presente.
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