Retrato de Fanny Vidal (Barcelona, 1954) ©Aitor Fernández.
El presenta Teníamos miedo, pero había que salir, una exposición fotográfica que sitúa en primer plano la memoria del activismo LGTBIQ+ en el Estado español a través de los testimonios de más de veinte pionerxs de la lucha por los derechos del colectivo. Concebida por el fotógrafo Aitor Fernández y la periodista Verónica Taranilla, la muestra traza un recorrido histórico que se extiende desde los últimos años del franquismo hasta la actualidad, articulando una narrativa visual y documental que subraya tanto el valor de la resistencia como la persistencia de las amenazas que aún pesan sobre las libertades conquistadas.
El proyecto, iniciado en 2022 desde la asociación DateCuenta, se estructura a partir de dos pilares: los retratos contemporáneos de activistas y la recuperación de archivos personales y documentos históricos. Esta combinación genera un diálogo intergeneracional que pone en evidencia cómo las luchas del pasado continúan resonando en el presente, especialmente en un momento en que el retroceso de derechos vuelve a ser una preocupación real en numerosos contextos europeos.
La exposición reconstruye tres grandes etapas del movimiento: los inicios impulsados por el colectivo gay en un contexto de clandestinidad y persecución; la reorganización y visibilización del activismo lésbico y trans en los años ochenta y noventa, marcada por el impacto del sida y la respuesta social ante el estigma; y finalmente, el periodo de consolidación política que culminó en el reconocimiento del matrimonio igualitario. Cada testimonio se presenta como una pieza indispensable dentro de una memoria colectiva que, pese a su diversidad, comparte un denominador común: la determinación de vivir con autenticidad cuando cualquier expresión de diferencia podía implicar violencia, represión o muerte.
Los materiales documentales expuestos permiten contextualizar ese pasado desde múltiples perspectivas. Entre ellos destacan publicaciones que patologizaban la homosexualidad, artículos sobre el asesinato de Sonia Rescalvo–un punto de inflexión para la organización del activismo trans–, o reportajes televisivos que, aun desde formatos sensacionalistas, ayudaron a abrir un espacio de visibilidad en un país profundamente conservador. Lejos de ser simples relicarios históricos, estos documentos funcionan como vectores críticos que recuerdan al visitante la fragilidad de los avances sociales.
El enfoque de Fernández y Taranilla se distancia de cualquier lectura heroica o espectaularizante. Sus retratos muestran a personas que, aun en medio del miedo, decidieron no renunciar a ocupar el espacio público. Con su itinerancia prevista por otros territorios del Estado, Teníamos miedo, pero había que salir se presenta como un ejercicio imprescindible de memoria democrática. Desde Can Basté, el proyecto ofrece un espacio para reconocer a quienes abrieron camino.
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