Vista de la exposición 'Yoko Ono. Insound and Instructure' en el MUSAC de Castilla y León.
El Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC) acoge hasta mayo de 2026 Yoko Ono. Insound and Instructure, una amplia retrospectiva que reafirma la vigencia de una de las figuras más influyentes del arte conceptual. Con más de 80 obras distribuidas en 1.700 metros cuadrados, la exposición propone algo más que un recorrido histórico: una relectura de las relaciones entre idea, lenguaje y participación, ejes que han definido el trabajo de Yoko Ono (Tokyo, 1933) desde los años sesenta.
Lejos de ser un homenaje nostálgico, el proyecto comisariado por Álvaro Rodríguez Fominaya, Jon Hendricks y Connor Monahan plantea la obra de Ono como una arquitectura viva. Sus «instrucciones»–esas breves piezas textuales que el espectador debe imaginar o completar–funcionan como el hilo conductor que atraviesa toda la muestra. En ellas se condensa la poética de una artista que entiende el arte no como objeto, sino como posibilidad: una acción que sucede en la mente y el cuerpo de quien participa.
Obras como Cut Piece (1964) o Sky TV (1966) mantienen su capacidad de descolocar al visitante incluso seis décadas después. La primera, un gesto de vulnerabilidad radical, sigue interrogando los límites entre intimidad, violencia y mirada. La segunda, al transmitir en directo el cielo sobre el museo, reitera la búsqueda de un arte que se confunde con la vida cotidiana. El cielo —motivo recurrente en su obra— se convierte aquí en una metáfora de libertad y conexión, una superficie común sobre la que Ono invita a proyectar deseo y pensamiento.
El recorrido rehúye la cronología para construir un diálogo entre obras tempranas y grandes instalaciones posteriores, como Amaze (1971) o Entrance (1990), donde el público literalmente atraviesa la obra. Este gesto participativo, esencial en su práctica, anticipa lo que décadas más tarde se denominaría arte relacional.
Más allá de las salas, la exposición se extiende por León: banderas invisibles, mensajes en vallas urbanas, e incluso piezas en los baños de bares locales. Este despliegue refuerza la idea de que la obra de Ono no pertenece al museo, sino al espacio común de la experiencia.
Insound and Instructure confirma que la artista japonesa sigue operando desde la frontera entre arte y vida, sonido e instrucción, protesta y poesía. Así, la propuesta del MUSAC recuerda que para Ono la interacción no es una fórmula, sino una ética: el intento de imaginar juntxs un mundo distinto.
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