El Museo Helga de Alvear cumple cinco años y marca el aniversario con un programa que busca tensionar los límites habituales de la institución artística. Bajo la dirección artística de Sandra Guimarães y con la participación de Thomas Hirschhorn, el proyecto POP-UP-MARILYN desplaza una obra de Andy Warhol, Marilyn (1986), pieza destacada de la colección, a las estaciones de Atocha en Madrid y Gare do Oriente en Lisboa antes de su regreso a Cáceres para un encuentro público.
Hirschhorn presenta la obra como un «altar efímero» pensado para cuestionar la jerarquía de los espacios expositivos. Llevar arte a estaciones de tren tampoco constituye un gesto nuevo en la historia del arte contemporáneo; sin embargo, aquí destaca como declaración de intenciones en el marco de las celebraciones para el aniversario del museo. Las estaciones son nodos de conexión, lugares donde convergen flujos humanos y narrativas diversas; en ese recorrido, Cáceres se plantea como punto de intercambio cultural más que como enclave periférico.
El programa del aniversario incluye más de cuarenta horas de actividades gratuitas. Hay sesiones de DJ, talleres, proyecciones y acciones participativas que convierten temporalmente el museo en un espacio híbrido entre centro cultural, foro ciudadano y plataforma experimental. Hirschhorn interviene además el edificio con banderolas que recogen textos de Simone Weil sobre el papel del arte, una conexión directa entre pensamiento filosófico y práctica artística.
La exposición MY ATLAS # OUR ATLAS, primera gran antológica del artista en dos décadas, funciona como eje conceptual de estas iniciativas. Comisariada por Guimarães, la muestra aborda la idea de cartografía cultural: cómo las imágenes, los discursos y las experiencias colectivas construyen relatos sobre la realidad.
La colaboración con Hirschhorn encaja con la trayectoria del museo, orientada a la participación y al contacto con públicos diversos. Las camisetas diseñadas por el artista, los talleres Power-Tools o las degustaciones de Cocina-Mundo buscan activar dinámicas comunitarias, aunque también plantean preguntas sobre los límites entre mediación cultural, evento social y experiencia artística. En un contexto en el que muchos museos revisan su papel, el Helga de Alvear ensaya una fórmula que combina exposición, intervención urbana y programación abierta.