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Carlos Zorromono – ‘CONJUNTO DE TODOS LOS ESTADOS POSIBLES’
CONJUNTO DE TODOS LOS ESTADOS POSIBLES propone una sala que deja de ser contenedor para convertirse en territorio: Un espacio para ser habitado por una obra en transformación continua, trasladando el taller del artista por un paréntesis al sotano del CCR.
Más allá del ahora:
Conjuntos, espacios y materiales encapsulados en un ámbar distópico
El conjunto de todos los estados posibles no es la suma de las partes que componen este proyecto expositivo, sino más bien la atomización de todos sus componentes por el espacio. La dispersión de sus elementos para hacer nacer algo nuevo, algo que sería imposible que existiera por sí solo. Es el conjunto de las estructuras óseas de ganados rescatados de hueseras a la intemperie; es la ciencia ficción1 distópica de una luz trabajada con flexos fríos, focos cálidos y una placa ambarina, cristalizada por los aceites que endulzaron las ferias de la Ciruela Claudia Reina en Nalda con rosquillas y otras golmajerías varias; es un tocón de mandíbulas y bloques de jabón artesano danzando por los suelos negros, y dos, y tres, y cuatro, y cinco, y seis, y hasta siete; es la glicerina que estalla en el tórculo con el carbón prensado y el trazo furioso; es un búnker, es un sótano, es una sala de exposiciones abierta a las vísceras de tela y hueso de Carlos Zorromono. Es el sonido de las fuentes que burbujean ecos lejanos de otros tiempos en los cuales los puntos que recogían el agua del deshielo de las montañas y los manantiales nutrían, limpiaban, eran mecas del peregrinaje para comunidades enteras. Son ríos y ríos de agua, corrientes que se filtran por donde antaño hubo anclajes que permitieron la vida arraigada a la tierra. Zorromono nos habla de la lucha vital en tiempos de guerras, de la búsqueda de algo firme en lo que sostenernos ante la pérdida de la orientación común que resulta cacofónica y nos hace dudar de cuáles son nuestras verdaderas raíces como humanos. Bruno Latour nos recuerda que hoy día: “lo que nos están arrancando tiene que ver con el arraigo, los modos de vida, el suelo y las propiedades que vemos derrumbarse” (Latour, 2019:22) y la idea de lo habitable relacionada con lo posnatural es algo muy presente en la obra de Zorromono. Estos planteamientos políticos pueden verse claramente reflejados en los hiperobjetos de Carlos Zorromono. Hiperobjetos que, según Timothy Morton, son aquellos objetos que reflejan: “todos los estados posibles de un sistema” (Morton, 2024:112) en clave pluridimensional, más allá de las ideas comunes del espacio y del tiempo. Nos habla del arte como un escaparate de todo lo que merece ser pensado en el umbral del fin del mundo, pues, según el crítico y teórico de arte Boris Groys: “el arte puede potencialmente asumir la responsabilidad por el mundo entero -ya sea a través de la acción o la inacción” (Groys, 2016:137). Acción que en los escritos de este autor también está muy relacionada con entender al artista como un organizador de su contexto, como alguien capaz de abrir los ojos del público. Un artista como adprosumidor (mezcla del estatuto de vendedor, productor y consumidor) que responde a la volatilización de los referentes simbólicos en un mundo que está en constante especulación por el reparto económico de sus espacios naturales, edificando un Frankenstein híbrido entre lo urbano, lo rural, la metrópolis, los terceros paisajes, lo virtual y lo global. En esta especie de sobrecarga de la red, nos encontramos ante “un mundo-imagen atomizado” (Patiño, 2017:44), ante una realidad transgénica donde lo natural ya ha dado un paso más allá de su propia dimensión hacia tensiones que retan su propia esencia en lo posnatural. Carlos Zorromono nos habla de crear con la valentía del saber que sus piezas generan aura y espacio, y no alimentan fácilmente colecciones privadas, pero sí que nos traen reflexiones atemporales que nos acercan a su pasado en el punk y en el arte gráfico a un presente más minimalista, decrecentista y atravesado por una sensibilidad salvaje. Salvaje pues, aun con sus connotaciones negativas, nos lleva a todas las lecturas posibles de esta palabra que hace Robert Bartra hasta encontrar que:
“El salvaje era un ser que enviaba mensajes; su interacción con el espacio natural y con el clima estaba preñado de señales y significados (…) es muy notable su forma de vivir con anticipación y de no estar nunca en el presente” (Bartra, 2011:104).
Zorromono nos habla desde un estado de futuro que va más allá del ahora. Más allá de esa limitación temporal que nos estanca y nos lleva hacia la relatividad espacial del universo del bloque, donde sucede que: “en este universo del bloque, el futuro, el presente y el pasado existen del mismo modo, solo que no los experimentamos de la misma forma” (Žižek, 2025:73). El mejor ejemplo de esto es la explosión de una estrella que nosotros solo somos capaces de percibir millones de años atrás. Estrellas que en este proyecto son los residuos grasos reciclados de las ferias de Nalda. Residuos convertidos en algo más que un destello: en bloques, en masas nuevas, en contenidos de garrafas que rompen la delgada línea entre el pasado, el presente y el futuro. Ante este fenómeno, la coexistencia simultánea nos permite apropiarnos de la maquinaria entusiasta como herramienta capitalista para que, a pesar de ser artistas adprosumers, podamos generar memorias, hijos de nuestros tiempos y conciencia dentro de un sector que tiene, como todo, sus connotaciones. En el famoso ensayo El entusiasmo, Zafra define los trabajos creativos de manera poderosa:
“Nos enseñaron que hay palabras, como prácticas, dotadas de poder para volar y otras para reptar por el suelo” (Zafra, 2019:23).
Y desde ese suelo, que es nuestro barro, Zorromono repta, trepa, camina y nos guía ante universos únicos que recrean escenarios propios y que nos traen visiones que no nos hacen olvidar las crisis eco-sociales, las crisis migratorias, la inflación, el problema de la vivienda, ni las luchas por la repoblación de lo rural porque, además de ser artista adprosumer, es también activista y gracias a ello produce obras que son espacios instalativos que enganchan, que atrapan, que nos devuelven a la tierra (sin ir muy lejos de casa). En el piso superior de la cooperativa agrícola de su pueblo (Espaciocoműn), donde, de nuevo, todos los estados posibles se solapan hasta hacer brotar todo un movimiento en favor del arte contemporáneo y de la creatividad exacerbada.
Sofía Moreno-Domingez (Espaciocoműn)
19
Enero 2026
Carlos Zorromono – ‘CONJUNTO DE TODOS LOS ESTADOS POSIBLES’
19 enero - 8 marzo 2026
arte contemporáneo
Ubicación
CCR ( CENTRO CULTURAL DEL RIOAJA)
Logroño, Calle Mercaderes, 9, La Rioja
Logroño, Calle Mercaderes, 9, La Rioja
Entradas
3
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