Vista de la exposición 'Hotel del Artefacto Expoliado' de Agnes Essonti Luque en el Museo Nacional de Antropología de Madrid. Cortesía de la artista.
El Museo Nacional de Antropología de Madrid acoge Hotel del Artefacto Expoliado, la primera gran exposición individual en España de Agnes Essonti Luque (Barcelona, 1996), artista camerunesa-española cuya práctica explora las heridas abiertas por la colonización y la diáspora africana. A través de un montaje que combina performance, fotografía, arte textil e instalación, Essonti transforma las salas del museo en un espacio imaginario: un hotel donde los objetos expoliados durante la época colonial pueden, por fin, «detenerse, descansar y soñar». La exposición no solo cuestiona la violencia histórica de la apropiación cultural, sino que propone una relectura decolonial de las colecciones antropológicas, invitando al público a repensar el pasado desde una perspectiva crítica y poética.
La muestra, estructurada en tres salas, desentraña las capas de significado perdidas cuando los objetos fueron arrancados de sus contextos originales. Essonti selecciona piezas de la colección africana del museo –cargadas de simbolismo mágico, espiritual y comunitario– para devolverles una narrativa que el colonialismo silenció. El resultado es una fábula visual que oscila entre lo satírico y lo lírico, donde lo personal y lo político se entrelazan para construir nuevos imaginarios afrodescendientes.
La primera sala actúa como un portal simbólico. Un felpudo con la inscripción «Volver a casa» marca la entrada al Hotel del Artefacto Expoliado, un espacio donde los objetos saqueados son recibidos como huéspedes. Aquí, Essonti presenta Hacerse cargo, un autorretrato en blanco y negro que evoca las primeras imágenes antropológicas, pero subvertido por un mensaje en neón: «Lo que anhelaba era, en realidad, la vida, el aliento, la tierra, el olor del campo, el agua fresca y el sol brillando». La artista, retratada con un salacot colonial, se apropia de los códigos visuales del poder para revelar su vacuidad.
Una instalación textil de conchas de cauri y bordados en hilo de oro completa este espacio. Las conchas, dispuestas como un mapa de constelaciones, aluden a los sistemas de intercambio rotos por la colonización, mientras que el oro evoca la riqueza cultural que el extractivismo europeo intentó borrar. Junto a ellas, AirExpolio, una aerolínea ficticia que ofrece viajes por las rutas coloniales, ironiza sobre la perpetuación del saqueo bajo nuevas formas de turismo y consumo.
La segunda sala sumerge al visitante en los sistemas de conocimiento africano que la colonización intentó erradicar. Cruel Flags, dos banderas de lino teñido con índigo, exhiben símbolos nsibidi y referencias al Ifá, filosofía yoruba de origen divino. Estos lenguajes, codificados y complejos, fueron suprimidos por los colonizadores, que los consideraban primitivos.
Junto a las banderas, una serie de cianotipias documenta el trabajo artesanal con índigo, un pigmento profundamente ligado a la resistencia cultural africana. La obra By Any Means Necessary confronta al público con fotografías del puerto esclavista de Bimbia (Camerún), junto a un vinilo de la artista que parece observar, serena, aquel escenario de violencia. En el centro de la sala, dos bolsas moyo –objetos rituales cameruneses– contienen tierra del suroeste de Camerún, un gesto que materializa la conexión con la tierra ancestral y la pérdida irreparable.
Essonti también interviene dos fotografías etnográficas de mujeres camerunesas de la colección del museo, retratadas según los estereotipos impuestos por los europeos. Mediante la fabulación crítica, la artista devuelve dignidad a estas figuras, rompiendo con la mirada colonial que las redujo a «tipos exóticos». El díptico Untitled (Calabash) y el fotograma de La Blanche profundizan en las secuelas psíquicas del racismo, explorando cómo la visión colonial distorsionó la autoimagen de los pueblos africanos.
La última sala desmonta los mitos racistas que justificaron la colonización. El vídeo If I talk, dey go say na lie muestra a mujeres camerunesas respondiendo con ironía a la pregunta «¿Comemos humanos aquí?», una acusación recurrente en los discursos coloniales para legitimar la «civilización» europea. La sátira de Essonti expone cómo el prejuicio se construyó como herramienta de dominación.
La instalación de una cocina-dormitorio recreada con objetos de la colección del museo cierra el círculo: espacios íntimos y cotidianos que, bajo la mirada colonial, se convirtieron en objetos exóticos saqueados y museificados. Essonti cuestiona así la política de la percepción: ¿Quién decide qué es arte y qué es artefacto? ¿Cómo sanar las heridas de una historia que aún persiste en los museos?
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