Avelino Sala, 'L’uomo delinquente' (detalle) © Avelino Sala, VEGAP, Madrid, 2025. Fotografía: Julio Galeote
Avelino Sala (Gijón, 1972) regresa a Madrid con La tempestad. El jardín de los senderos que se bifurcan, una exposición comisariada por Semíramis González –directora de LABoral Centro de Arte– que se podrá visitar en CentroCentro del 16 de abril hasta el 20 de septiembre, con un paréntesis en mayo por labores de mantenimiento del edificio. El proyecto, ubicado en la planta tercera del centro, se presenta como ejercicio de resistencia visual: un territorio donde lo poético y lo político se entrelazan para desmontar símbolos, cuestionar narrativas hegemónicas y proponer, desde el arte, otras formas de habitar el conflicto.
En este sentido, la muestra actúa como un campo de tensiones. Los libros de la serie Biblioteca de Babel, intervenidos, cosificados, dejan de ser objetos pasivos para convertirse en artefactos cargados de memoria y lucha, mientras que los neones, con sus consignas luminosas, irrumpen en el espacio como recordatorios incómodos de nuestra contemporaneidad. Junto a ellos, los Washings, globos terráqueos sumergidos en colores ácidos, funcionan como metáforas del lavado simbólico que sufren causas urgentes –la crisis climática, la igualdad, los derechos sociales– cuando el capitalismo las convierte en eslóganes vacíos. De esta manera, Sala materializa los conflictos, los hace tangibles, obligando al público a enfrentarse a ellos sin la distancia cómoda de lo meramente estético.
Hay en su trabajo una obsesión por las grietas, por esos espacios donde lo oficial se resquebraja y emergen otras historias. La exposición opera como un archivo vivo: un conjunto de piezas que dialogan entre sí para construir un relato paralelo, bifurcado, donde la belleza potencia la critica. Sala, con una trayectoria que incluye participaciones en bienales como las de Caracas, Tel Aviv o Estambul, y premios como el Artport International Video Award de la UNESCO, demuestra aquí por qué su obra es un referente del arte como vehículo de disidencia. Sus esculturas, sus instalaciones, sus juegos con el lenguaje son detonadores de pensamiento, invitaciones a repensar lo dado.
La tempestad del título funciona como metáfora del caos y de la posibilidad. Sala propone el arte como espacio para rearmar lo desarmado, imaginar salidas donde otros ven callejones sin salida. Las obras en la exposición buscan complicidad con el público, dispuesto a cuestionar y a mirar de frente las contradicciones de un mundo donde la rebelión amenaza con convertirse en mercancía.
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