Carlos Estévez, "Pájaro cosmotelúrico", óleo y lápices de acuarela sobre lienzo, 91 x 168 cm. 2026. Foto cortesía de Galería Artizar.
En Inmanencia, la exposición que presenta Carlos Estévez en ARTIZAR Tenerife, la isla se desplaza de la geografía hacia el terreno de la memoria y la imaginación. A través de un conjunto de obras sobre papel y tela, el artista cubano desarrolla una serie de cartografías simbólicas donde arquitecturas fantásticas, criaturas híbridas, rutas imaginarias y estructuras cósmicas configuran un territorio atravesado por recuerdos, deseos y formas de conocimiento.
La muestra encuentra uno de sus ejes en la condición insular compartida por Cuba y Canarias. Más que representar un paisaje específico, Estévez aborda la isla como una experiencia cultural y emocional. El horizonte, el desplazamiento y la distancia aparecen como elementos que modelan una sensibilidad particular.
Esta aproximación dialoga con una investigación que el artista ha desarrollado a lo largo de más de tres décadas. Sus dibujos, pinturas, esculturas e instalaciones han explorado persistentemente la relación entre lo visible y aquello que permanece oculto bajo la superficie de las cosas. En sus obras conviven referencias a la ciencia, la filosofía, la espiritualidad y la tradición alegórica, articuladas a través de un lenguaje visual reconocible por la presencia de mecanismos imaginarios, observatorios, cuerpos en transformación y complejas estructuras simbólicas.
En Inmanencia, cada pieza funciona como un microcosmos autónomo. La acumulación de signos y asociaciones busca activar un campo de relaciones donde distintas temporalidades y experiencias pueden coexistir. Faros ambulantes, peces voladores, volcanes semidormidos y arquitecturas astrales emergen como figuras de orientación y tránsito, imágenes que remiten tanto al viaje físico como a los desplazamientos de la memoria y del pensamiento.
La espiritualidad ocupa un lugar central dentro de este universo visual. Aparece vinculada a una búsqueda constante de sentido y a la posibilidad de establecer conexiones entre distintos niveles de la experiencia. El arte se convierte así en una herramienta para explorar aquello que no siempre resulta visible, pero que condiciona la manera en que comprendemos el mundo y nos relacionamos con él.
El texto curatorial de Claudia Taboada Churchman amplía esta lectura al situar la exposición dentro de una historia atlántica compartida. Las relaciones entre Cuba y Canarias, marcadas durante siglos por movimientos migratorios e intercambios culturales, funcionan como un trasfondo que enriquece la muestra sin determinarla. La isla emerge entonces como un espacio de circulación de memorias, relatos y afectos.
En ARTIZAR Tenerife, Carlos Estévez presenta una exposición que celebra la singularidad de una práctica artística sostenida en el tempo y profundamente comprometida con las posibilidades poéticas de la imagen. Entre mapas imaginarios, observatorios imposibles y criaturas que parecen habitar un territorio entre el sueño y la vigilia, Inmanencia propone una reflexión sobre la memoria como espacio en movimiento y sobre la capacidad de la imaginación para construir nuevas formas de pertenencia.
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