Fermín Jimenez-Landa, 'Un número indeterminado de pliegues', 2021. Cortesía del artista.
Hasta el 6 de septiembre, la sala L’Aljub del Casal Solleric acoge Escarcha y vaho, una exposición de Fermín Jiménez Landa comisariada por Juan Luis Toboso. El proyecto propone un recorrido por algunas de las preocupaciones que han definido la trayectoria del artista, centradas en la capacidad de las acciones cotidianas para alterar nuestra relación con el entorno y abrir nuevas formas de interpretar la realidad.
Desde hace más de dos décadas, Jiménez Landa (Pamplona, 1979) ha desarrollado una práctica difícil de adscribir a un único medio. Dibujo, fotografía, vídeo, escritura, instalación, objeto y performance forman parte de un proceso de trabajo que se construye a partir de la observación, la asociación de ideas y la experimentación con situaciones aparentemente insignificantes. Sus obras suelen partir de episodios sencillos o de gestos mínimos que, al ser desplazados de su contexto habitual, adquieren una inesperada densidad conceptual.
La exposición toma como hilo conductor el agua y sus cambios de estado, un motivo que articula un conjunto de piezas donde la transformación, el tránsito y la inestabilidad aparecen como elementos recurrentes. Ese punto de partida permite abordar cuestiones relacionadas con la memoria, el paso del tiempo, la circulación de los objetos y la fragilidad de las certezas desde las que organizamos la experiencia cotidiana.
A lo largo del recorrido, el público encuentra proyectos que condensan algunos de los procedimientos habituales del artista. Entre ellos figura el envío de un pequeño bloque de hielo desde Venecia hasta el puerto de Róterdam mediante una compleja cadena logística de congeladores, barcos y transportes. El interés de la obra reside tanto en el recorrido físico del hielo como en la tensión entre planificación y desaparición, ya que el propio material está destinado a modificarse durante el proceso.
Otra de las propuestas toma como punto de partida un castillo de arena para examinar la naturaleza provisional de las construcciones humanas y su relación con el espacio urbano. En otros trabajos, Jiménez Landa establece conexiones entre elementos arquitectónicos, fenómenos atmosféricos y materiales orgánicos, generando asociaciones que transforman situaciones corrientes en dispositivos de reflexión. El conjunto comparte una atención constante hacia aquello que suele pasar inadvertido y hacia las posibilidades que surgen cuando los objetos cotidianos cambian de función o de contexto.
Uno de los rasgos más reconocibles de su práctica es el empleo del humor como herramienta de conocimiento. Sin recurrir al efecto espectacular, el artista introduce pequeñas alteraciones que desajustan las expectativas del espectador y modifican la lectura de acciones, imágenes o materiales familiares. La ironía ocupa también un lugar relevante dentro de ese proceso, favoreciendo interpretaciones abiertas y desplazando cualquier lectura unívoca de las obras.
En Escarcha y vaho, estos intereses se articulan mediante una selección de trabajos que dialogan entre sí a través de afinidades conceptuales antes que cronológicas. La exposición plantea un espacio donde conviven experiencias vinculadas al paisaje, la arquitectura, los sistemas de circulación, la percepción y los usos sociales de los objetos, configurando un panorama representativo de las investigaciones que Jiménez Landa ha desarrollado en los últimos años.
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