Exposiciones

El Museo de la Universidad de Navarra explora la memoria como un territorio en transformación

Recordar implica reconstruir. Cada evocación incorpora detalles, ausencias e interpretaciones que modifican aquello que creíamos conservar intacto. Sobre esta condición móvil de la experiencia se articula Museo de Memorias Inconstantes, la nueva exposición colectiva del Museo Universidad de Navarra (MUN), que reúne obras de quince artistas nacionales e internacionales procedentes de la Colección Generaciones de Fundación Montemadrid-La Casa Encendida.

La exposición parte de una premisa sencilla y, al mismo tiempo, difícil de fijar: la memoria cambia cada vez que regresamos a ella. Los recuerdos aparecen como fragmentos que la mente conecta, completa o transforma, dando lugar a relatos atravesados por la subjetividad. Las obras seleccionadas permiten aproximarse a ese proceso desde diferentes lenguajes y perspectivas, generando un diálogo entre prácticas artísticas y distintas maneras de entender la construcción del pasado.

Santiago Giralda, Rubén Grilo, Bleda y Rosa, Carolina Belén Martínez, Mariona Moncunill, Irene de Andrés, Juanli Carrión, Perla Zuñiga, Oriol Vilanova, Jaime de la Jara Velasco, Agnes Essonti Luque, Bestué y Vives, Leonor Serrano Rivas, An Wei y Elena García Jiménez forman el conjunto de artistas presentes en la muestra. Sus trabajos configuran un paisaje heterogéneo en el que la memoria se relaciona con los espacios, los objetos, la imaginación y las formas de representación.

Vista de la exposición ‘Museo de Memorias Inconstantes’ en el Museo de la Universidad de Navarra. © Manuel Castells.

El proyecto está comisariado por Angie Grijalva, Shalynne Ouellette y Elena Stanley Tobin, estudiantes de la VIII promoción del Máster en Estudios de Comisariado del MUN. Su investigación en torno a la Colección Generaciones de Fundación Montemadrid-La Casa Encendida, permitió detectar vínculos entre diferentes obras y observar cómo las aproximaciones a la memoria se transforman entre generaciones. Referencias literarias de autores como Jorge Luis Borges, Mark Twain o Vladimir Nabokov acompañaron ese proceso de investigación y contribuyeron a situar la exposición en un terreno compartido entre literatura, pensamiento y creación contemporánea.

El recorrido se organiza en dos ámbitos que proponen distintas aproximaciones al recuerdo. Un montón de trozos de espejos rotos aborda la dimensión fragmentaria de la memoria, mientras que Memorias quiméricas se adentra en el papel de la imaginación como mecanismo capaz de recomponer aquello que permanece incompleto. Entre ambos espacios se establece una relación dinámica: recordar supone reunir piezas dispersas y otorgarles nuevas conexiones.

La propia Sala Torre participa de esta lectura. Su configuración espacial se utiliza para construir un itinerario inspirado en la imagen del laberinto, donde las diferentes rutas evocan los caminos variables que puede seguir la mente al recuperar una experiencia. La transformación cromática del espacio, de tonalidades más luminosas hacia otras más oscuras, acompaña simbólicamente el desplazamiento hacia capas progresivamente profundas de la memoria.

Vista de la exposición ‘Museo de Memorias Inconstantes’ en el Museo de la Universidad de Navarra. © Manuel Castells.

La exposición nace, además, de un dispositivo pedagógico que convierte la formación curatorial en una experiencia profesional. Cada promoción del Máster en Estudios de Comisariado del MUN presenta sus proyectos ante un tribunal, encargado de seleccionar una propuesta para incorporarla a la programación expositiva del museo. En este caso, el resultado refleja el trabajo de investigación y colaboración desarrollado por las tres comisarias a lo largo de su formación.

Además, la exposición establece así un nuevo diálogo entre una colección construida a lo largo del tiempo y una mirada curatorial emergente que vuelve sobre sus fondos para plantear preguntas acerca de cómo construimos aquello que llamamos memoria.

El resultado es un recorrido en el que el recuerdo aparece como un espacio abierto a la reinterpretación. Las obras permiten observar las fisuras de la memoria, sus desplazamientos y también su capacidad para generar nuevas narraciones. En esa inestabilidad reside el núcleo de la propuesta, que entiende recordar como una práctica activa y en permanente transformación.

Vista de la exposición ‘Museo de Memorias Inconstantes’ en el Museo de la Universidad de Navarra. © Manuel Castells.
Redacción

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