Dana Lixenberg, 'Amos Olanna', 2007. De la serie 'The Last Days of Shishmaref' (2007). Impresión con pigmentos de archivo. 47.2 x 60 cm. Cortesía de la artista y Grimm Ámsterdam, Londres, Nueva York. © Dana Lixenberg.
KBr Fundación Mapfre inaugura su temporada otoñal con dos propuestas de signo muy distinto. American Images ofrece la primera gran retrospectiva dedicada a la fotógrafa holandesa Dana Lixenberg, una oportunidad para recorrer más de tres décadas de trabajo desarrollado principalmente en Estados Unidos. En paralelo, KBr Flama ’26 reúne los proyectos de cuatro artistas emergentes vinculadxs a distintas escuelas de fotografía de Barcelona. Dos exposiciones que amplían el mapa de la programación del centro y permiten acercarse tanto a una trayectoria ya consolidada como a las búsquedas de quienes comienzan a construir la suya.
En American Images, Lixenberg presenta una selección de las series que ha realizado en Estados Unidos desde principios de los años noventa. La exposición, organizada y co-producida por Fundación Mapfre y la Maison Européenne de la Photographie y comisariada por Laurie Hurwitz y Marcel Feil, reúne más de 126 fotografías junto a una instalación con 300 polaroids, dos videoproyecciones y distintos materiales audiovisuales. El recorrido permite seguir la evolución de una fotógrafa que ha construido buena parte de su obra a partir de encuentros prolongados con las personas que retrata.
Nacida en Ámsterdam en 1964 y afincada en Nueva York desde 1989, Lixenberg desarrolló allí una mirada particular sobre la sociedad estadounidense. Su trabajo abarca tanto retratos de figuras conocidas como proyectos centrados en comunidades que han ocupado un lugar secundario en las representaciones habituales del país. En ambos terrenos utiliza una cámara de gran formato que impone un ritmo pausado y requiere una relación estrecha con la persona situada frente al objetivo.
El núcleo de la retrospectiva es Imperial Courts, un proyecto iniciado en 1993 en un complejo de viviendas sociales del barrio de Watts, en el sur de Los Ángeles. Lixenberg llegó allí después de los disturbios de 1992 y comenzó a fotografiar a sus habitantes con la intención de acercarse a una realidad que los medios habían reducido con frecuencia a imágenes de violencia y marginalidad. Tres décadas después, el proyecto continúa en proceso y se ha convertido en un extenso retrato colectivo de la comunidad.
La duración es una parte esencial de ese trabajo. Lixenberg regresó al barrio a lo largo de los años y volvió a fotografiar a personas que ya habían aparecido en sus primeras imágenes, además de sus familias y de nuevxs residentes. Algunas fotografías muestran a quienes fueron niñxs convertidxs en adultxs; otras registran ausencias provocadas por la prisión o la muerte. El proyecto incorporó también vídeo y sonido, ampliando el retrato fotográfico hacia una experiencia más compleja de la vida cotidiana en Imperial Courts.
La retrospectiva permite conocer otras líneas de investigación desarrolladas por la artista. En Jeffersonville, Indiana, siguió durante seis años a lxs residentes de un refugio para personas sin hogar, después de que un encargo editorial se transformara en un proyecto personal. En Los últimos días de Shishmaref, fotografió a una comunidad iñupiaq de Alaska que afrontaba la erosión de su territorio y el riesgo de desplazamiento provocado por el cambio climático. Ambos trabajos muestran el interés de Lixenberg por acercarse a las experiencias individuales y observarlas desde dentro de los lugares en los que se desarrollan.
También forman parte del recorrido algunos de sus retratos editoriales más conocidos, entre ellos el de Tupac Shakur realizado para Vibe en 1993. La exposición muestra cómo aquella fotografía, concebida originalmente para una revista, terminó adquiriendo una vida propia y circulando en murales, tatuajes y otros soportes. Las más de 300 polaroids reunidas en otra sección permiten acceder a un material diferente: imágenes realizadas durante el proceso de trabajo y entregadas en muchos casos a los propixs retratadxs.
En conjunto, American Images permite seguir la evolución de una mirada que, a lo largo de tres décadas, ha encontrado en el retrato una manera de acercarse a personas, comunidades y realidades diversas de Estados Unidos, siempre desde la atención y el tiempo compartido con sus protagonistas.
El segundo proyecto que ocupa la sala pequeña del espacio expositivo es KBr Flama ’26, que alcanza este año su sexta edición. La iniciativa nació en 2021 para apoyar a fotógrafxs que comienzan su trayectoria profesional después de su formación académica y se desarrolla en colaboración con EASD Serra i Abella, Elisava, Idep Barcelona e IEFC. La edición de 2026 presenta los trabajos de Sara Bravo (Girona, 1999), Elena Bulet i Llopis (Barcelona, 1997), Meghan Mathews (Winston-Salem, Carolina del Norte, 1995) y Luca Gaetano Pira (Módena, 1987), con el acompañamiento curatorial de Carolina Ciuti.
El proyecto de Meghan Mathews, It Was Good Enough For Our Mothers, parte de su experiencia familiar en el noreste de Tennessee para explorar la permanencia de determinados valores generacionales en los paisajes rurales de los Apalaches. Tennessee ocupó en 2026 el último puesto entre los 50 estados de Estados Unidos en la categoría de calidad de vida del estudio anual de CNBC, que analiza factores como criminalidad, sanidad, protección laboral o inclusión. Frente a esta imagen, Mathews propone una mirada vinculada a su propia experiencia y al territorio que conoce, incorporando también sus paisajes, escenas familiares y aspectos cotidianos que forman parte de su memoria. Fotografías actuales, imágenes procedentes del archivo familiar y cartas intercambiadas con su madre forman una narrativa en la que la memoria se encuentra con las cuestiones relacionadas con la maternidad y la transmisión de creencias.
Sara Bravo presenta Pink Elephant in the Room, una investigación sobre las formas de violencia implícita que atraviesan la vida cotidiana de las personas no binarias. A partir de la llamada «ilusión esquemática», desarrollada por el crítico estadounidense Hal Foster a propósito de la obra del fotógrafo alemán Thomas Demand, la artista construye escenarios reconocibles —un ascensor, un cine, el metro o una oficina— con materiales como papel, metacrilato y poliestireno expandido. Las imágenes, de gran atractivo visual y trabajadas en ocasiones con macro, adquieren una apariencia próxima a la fotografía publicitaria, cuidada y aparentemente seductora. Sin embargo, tras esa primera impresión emerge una sensación de desajuste que obliga a detenerse en aquello que las escenas están poniendo en juego: normas, expectativas y mecanismos de control que suelen permanecer invisibles. Un vídeo que acompaña la serie recoge, además, una sucesión de gestos cotidianos en los que se hace presente esa violencia implícita. En este uso de lo cotidiano y en la tensión entre una apariencia contenida y aquello que permanece latente, el vídeo puede recordar, aunque desde planteamientos diferentes, a Flowers Blooming in Our Throats de la artista Eva Giolo.
Elena Bulet i Llopis presenta Zarcillo, un proyecto que se mueve entre la memoria heredada, la fabulación y el vínculo con un territorio que forma parte de su genealogía. La artista parte de su relación con Almayate, en la Axarquía malagueña, lugar de origen de su abuela María Díaz Granados, para reconstruir una memoria que no procede únicamente de la experiencia directa, sino también de aquello que se transmite entre generaciones. Quizás sea, de los cuatro proyectos de KBr Flama ’26, el que más se permite experimentar con el propio formato fotográfico, entendiendo la imagen como un medio expandido que desborda los límites tradicionales de la fotografía. En sus imágenes aparecen espacios vinculados a la historia del territorio y gestos cotidianos que construyen una suerte de cosmología afectiva. El propio título alude a las distintas acepciones de la palabra «zarcillo»: puede designar un pendiente, la marca que identifica la pertenencia de un animal o el tallo que permite a una planta aferrarse a otra superficie. Un término que conecta así con algunas de las ideas centrales del proyecto: la pertenencia, el vínculo y las formas en que la memoria puede permanecer adherida a un lugar.
Cierra el recorrido Cárcel, tacones y libertad, de Luca Gaetano Pira, un proyecto construido a partir de la memoria y la relación personal con Tania Navarro Amo, una de las primeras mujeres trans en visibilizar públicamente su identidad durante el franquismo y activista por los derechos LGTBIQA+. Navarro fue también una de las participantes en la primera manifestación del Orgullo celebrada en Barcelona, el 26 de junio de 1977, que reunió a miles de personas en las Ramblas y fue duramente reprimida por la policía. Durante más de dos años, Pira ha investigado su trayectoria y ha construido con ella una relación que permite alejarse de la figura histórica para acercarse a la persona, a sus recuerdos y a su presente. El proyecto combina retratos contemporáneos, fotografías de archivo, documentos —entre ellos expedientes policiales—, testimonios orales y recorridos por distintos espacios de Barcelona. El resultado articula una memoria personal y colectiva en la que la fotografía funciona como una forma de reconocimiento y de preservación de una historia que durante décadas permaneció marcada por la represión.
Cada uno de los cuatro proyectos de KBr Flama ’26 cuenta además con su propia publicación, reunida junto a las demás en el catálogo de esta edición. El formato editorial prolonga la presentación de las obras y permite que las investigaciones de estos cuatro artistas tengan una continuidad fuera del espacio expositivo.
Con estas dos exposiciones, el KBr plantea una temporada capaz de recorrer distancias considerables dentro de la fotografía contemporánea: desde una obra desarrollada durante más de treinta años hasta cuatro proyectos que se encuentran en una etapa inicial. American Images permite descubrir la amplitud de una trayectoria que ha hecho del retrato y de la relación con sus protagonistas una forma de investigación. KBr Flama ’26 deja entrar en las salas otras cuatro voces, todavía en proceso de definición, que utilizan la fotografía para interrogar sus propias historias y las estructuras sociales que las atraviesan.
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