El recrudecimiento de las políticas liberales y de derechas en buena parte del tablero internacional ha venido acompañado de una inquietante normalización del lenguaje bélico. La deriva autoritaria del segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos–con su abierto desprecio por el derecho internacional y los organismos multilaterales–, el persistente genocidio del pueblo palestino, sostenido en un limbo entre la violencia cotidiana y el carácter fantasmático de los sucesivos «acuerdos de paz», el extrapoder consolidado de Vladímir Putin en Rusia o las revueltas sofocadas con violencia en Irán son solo algunos de los síntomas de un orden global tensionado. A ello se suma un escenario multipolar marcado por las luchas por los recursos y una retórica de confrontación que vuelve a ocupar el centro del discurso público. En este contexto, la guerra reaparece no solo como amenaza real, sino como relato omnipresente, mediatizado y, en demasiadas ocasiones, estetizado.
Es en este marco donde se inscribe WAR, la nueva exposición de Kepa Garraza (Vizcaya, 1979), que se inaugura el próximo 15 de enero en la galería Álvaro Alcázar Arte de Madrid y podrá visitarse hasta el 14 de marzo. Concebida como un proyecto de análisis crítico, la muestra se propone examinar las formas en que la guerra ha sido representada históricamente y cómo estas imágenes y narrativas influyen en la percepción contemporánea del conflicto armado. Tal como señala el propio artista, «WAR es una nueva serie de obras concebida como un proyecto de análisis crítico sobre las representaciones de la guerra y sus efectos en las sociedades contemporáneas».
Lejos de ofrecer una visión unívoca, la exposición articula una pluralidad de enfoques que oscilan entre la denuncia y la puesta en evidencia de los mecanismos de glorificación del conflicto. Garraza se interesa tanto por las narrativas que exaltan la guerra desde la propaganda o el patriotismo como por aquellas que revelan sus dimensiones más devastadoras: el sufrimiento humano, la destrucción material y el trauma colectivo. Esta tensión atraviesa toda la serie y conecta directamente con un presente saturado de imágenes bélicas que circulan de forma incesante por pantallas y redes sociales.
Uno de los ejes conceptuales de WAR es el diálogo entre pasado y presente. La exposición revisita la evolución histórica de la representación de la guerra, desde su concepción heroica en el mundo antiguo–donde el conflicto era entendido como una demostración de virtud y valor–hasta el giro radical que se produce a partir de la Primera Guerra Mundial. Escritorxs, artistas y cineastas comienzan entonces a mostrar la guerra como una maquinaria absurda y deshumanizadora, una visión que se intensifica tras el impacto de la Segunda Guerra Mundial, los campos de exterminio y la amenaza nuclear.
En la actualidad, como apunta Garraza, la representación de la guerra «oscila entre la denuncia y el espectáculo, entre el trauma y la gloria digitalizada». La descentralización narrativa, propiciada por la tecnología y la inmediatez de las imágenes captadas desde el interior del conflicto, ofrece nuevas perspectivas, pero también abre la puerta a la manipulación y a la banalización de la violencia. WAR se sitúa críticamente en este terreno ambiguo, cuestionando la naturalización de la retórica belicista y la idea de la guerra como destino inevitable.