Mariela Scafati, 'Paz', 2003. Cortesía de la artista y de Condeduque.
Mariela Scafati llega a Condeduque (Madrid) con una exposición que transforma el lienzo en un territorio de encuentros. Con Nombrar el mundo, su primera muestra individual institucional en España, la artista argentina despliega un universo donde la pintura se desborda hacia la escultura, la palabra y la memoria compartida. Las obras, surgidas de conversaciones íntimas con su círculo más cercano, exploran cómo el arte puede ser un espacio de proyección colectiva, donde lo cromático, lo textual y lo cotidiano se entrelazan para construir nuevos relatos.
La sala se convierte en un espacio de encuentro donde los lienzos monocromos, vestidos con prendas donadas por amigas, se transforman en cuerpos que habitan nuevos escenarios. Obras como Dai, Devo, Estela, Guille, Lola, Magui, Manu y Nico (2026) articulan una familia de formas que desafían la bidimensionalidad, mientras que Polleras (2003-2026) exhibe faldas invertidas, mostrando sus costuras y palabras pintadas que condensan recuerdos, deseos y reflexiones compartidas. Cada pieza nace de una pregunta sencilla pero profunda: «¿Qué te sostiene en el presente y para el futuro?». Las respuestas, escritas sobre las telas, se convierten en testimonios de una intimidad colectiva, donde el lenguaje construye realidad.
El proceso creativo de Scafati se nutre del intercambio. Las prendas donadas, las frases compartidas y las voces de colaboradoras como Lola Granillo —cuyos programas de Radio Eléctrica Artesanal resuenan en la sala— tejen una red de significados que trasciende lo visual. La artista explora así la performatividad del gesto, la suspensión del sentido y la posibilidad de habitar otros futuros a través del arte. Obras como Libro y deseo (2025), Para saborear (2025) o Respira (2025), realizadas con cuerdas, lonas y muebles, refuerzan esta idea: son estructuras que dejan de ser lo que eran para convertirse en algo más, algo compartido.
La exposición, comisariada por Marta Ramos-Yzquierdo, subraya cómo el trabajo de Scafati propone una «amistad radical», un espacio donde lo afectivo y lo político se entrelazan para imaginar formas de vida no normativas. Como señala Juan Gallego Benot en el texto que acompaña la muestra, admitir la vulnerabilidad y la necesidad de compañía en un contexto global marcado por la violencia hacia la disidencia es, en sí mismo, un acto de resistencia.
Mariela Scafati (Bahía Blanca, 1973), serigrafista queer, pintora y docente, lleva décadas explorando los cruces entre arte, educación y activismo. Su trayectoria incluye exposiciones en el Museo Nacional Centro de Reina Sofía de Madrid, el Museo Guggenheim de Nueva York o la Neue Nationalgalerie de Berlín, además de su participación en proyectos colectivos vinculados a la serigrafía, la radio y el teatro. En Condeduque, su obra invita a repensar el lienzo no como superficie, sino como lugar de proyección, donde la pintura se expande hacia lo escultórico, lo textual y lo comunitario.
La muestra, producida en colaboración con las galerías Isla Flotante y Travesía Cuatro, y la Colección Collegium, permanece abierta al público hasta el 19 de julio, ofreciendo un recorrido por las posibilidades del arte como espacio de encuentro, memoria y transformación.
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