Vista de la instalación '66–76–26' (2026) de Steve McQueen en el Museo Guggenheim Bilbao. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.
La práctica artística de Steve McQueen (Londres, 1969) se ha desarrollado en la intersección entre las artes visuales y el cine, con una atención sostenida a la percepción, la memoria y la experiencia del tiempo. Desde sus primeras instalaciones hasta sus largometrajes, el artista británico ha investigado cómo las imágenes y los sonidos condicionan nuestra relación con aquello que vemos y sentimos. En 66–76–26, su nueva propuesta para el Museo Guggenheim Bilbao, el sonido ocupa el centro de la experiencia y la escucha se convierte en el principal instrumento de aproximación a la obra.
Abierta hasta el 21 de febrero de 2027, la instalación reúne dos interpretaciones de Wild Is the Wind: la que Nina Simone grabó en 1966 y la que David Bowie publicó una década después. Ambas versiones, presentadas a capela en una sala tenuemente iluminada, mantienen una relación duradera con el imaginario de McQueen, que descubrió primero la grabación de Bowie y posteriormente la de Simone. Desde hace más de treinta años, la canción acompaña su trayectoria por la complejidad emocional que encierra y por su capacidad para adquirir nuevos matices con el paso del tiempo.
La disposición de las voces articula la propuesta. Simone suena desde un extremo de la galería y Bowie desde el opuesto, de modo que la arquitectura establece las condiciones de un encuentro que el visitante experimenta mientras recorre el espacio. La escucha depende de la posición del cuerpo y de la distancia respecto a cada fuente sonora. En lugar de ofrecer una perspectiva única, McQueen construye una situación abierta, en la que las dos interpretaciones conservan su identidad y establecen una relación cambiante.
La supresión del acompañamiento instrumental intensifica cada inflexión vocal. El silencio adquiere un papel estructural y dirige la atención hacia las respiraciones y los intervalos que separan las frases. La obra encuentra en esos espacios una dimensión expresiva propia: aquello que no suena participa activamente en la experiencia y prolonga la resonancia de cada voz. Esta economía de recursos conecta con una línea de investigación presente en trabajos recientes del artista, donde la luz y el sonido operan como materiales capaces de transformar la percepción corporal.
El título alude a los años de las grabaciones originales y al de la instalación. Entre 1966 y 1976, Simone y Bowie abordaron una misma composición desde sensibilidades distintas, en una época marcada por profundas transformaciones políticas y culturales. Su reunión en Bilbao, medio siglo después de la segunda grabación, introduce una nueva temporalidad en la historia de la canción. La obra plantea así cómo la música conserva las huellas de su época y, al mismo tiempo, puede generar experiencias que atraviesan generaciones.
En Wild Is the Wind, el amor aparece asociado al anhelo y a la pérdida, con una intensidad que McQueen considera esencial para comprender ambas interpretaciones. Su instalación traslada esa carga emocional a un espacio compartido donde escuchar implica también tomar conciencia de la propia presencia. La experiencia se prolonga en un catálogo diseñado por Irma Boom y en un ciclo cinematográfico dedicado a la obra de McQueen, cuya trayectoria incluye títulos como Hunger (2008) y 12 años de esclavitud (2013).
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