Vista de la exposición '8.068.807.218. Sangre en oro'. Fuente: página web de Museo de Arte Contemporáneo de Castillo y León
Últimos días para visitar la exposición 8.068.807.218. Sangre en oro, dedicada a la obra más reciente de la escultora María Luisa Fernández (Villarejo de Órbigo, León, 1955), en el MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castillo y León, hasta el 13 de octubre.
Esta muestra, comisariada por Sergio Rubira, continúa la búsqueda de la artista de una escultura que tenga un significado profundo y que invite a la reflexión, tanto para el público como para la propia artista, posicionándose ante las tragedias del mundo actual. Fernández denomina esta búsqueda como «diseño de la tragedia», aludiendo al sombrío futuro que se avecina si no se toman medidas.
Desde los años ochenta, Fernández ha trabajado en una crítica al sistema del arte y las instituciones culturales a través de esculturas e instalaciones que exploran lo que queda fuera del centro de atención. En esta exposición, retoma su serie Artistas ideales, creada originalmente en los años noventa, en la que convierte las formas geométricas de los gráficos estadísticos en esculturas. Estas piezas, hechas de madera y sometidas a un proceso de carbonización, se cuelgan del techo, creando un equilibrio precario que cuestiona la figura del genio en el arte y la posición de los artistas frente a la realidad actual.
En Coronas, Fernández utiliza desechos de madera para crear sistemas circulatorios descompuestos, evocando arterias y venas, mientras que en otros dibujos recientes aparecen siluetas de animales salvajes que están al borde de la extinción. Estas imágenes de fauna desaparecida también se plasman en nuevas esculturas, donde las planchas de metacrilato forman un círculo que el espectador debe atravesar.
Como ha sido habitual en las anteriores exposiciones de la artista, el título de la muestra hace referencia al número de habitantes del mundo, 8.068.807.218, que continúa creciendo exponencialmente, siguiendo la sucesión de Fibonacci. Esta espiral de crecimiento poblacional, junto con la explotación de los recursos naturales, es un tema central en la obra de Fernández, quien relaciona esta espiral con la divina proporción o número de oro, un símbolo que, en su visión, refleja cómo el sistema económico actual convierte la sangre en metal mediante la sobreexplotación.
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