Ambiente en la feria. ARCOmadrid 2026. Cortesía de IFEMA.
La 45ª edición de ARCOmadrid –que reúne a 211 galerías de 30 países en los pabellones de IFEMA– se inaugura en un momento de tensiones reveladoras. Mientras muchas de las obras expuestas evocan la naturaleza, la convivencia entre especies y la armonía orgánica como respuesta a un mundo fracturado, el sector artístico español mantiene viva su protesta: el IVA cultural sigue siendo del 21%, frente al 5-6% de países como Francia, Italia, Alemania o, más recientemente, Portugal. Lxs galeristas, muchxs de ellxs con pins que reclaman «IVA cultural ya!», conviven con un sistema que, según denuncian, lxs coloca en desventaja. La feria, que este año cuenta con un 34% de participación nacional y un 66% internacional (con un destacado 31% de presencia latinoamericana), se erige así como un espacio donde lo comercial y lo crítico se entrelazan sin resolver sus contradicciones.
Pero ARCO es también, o sobre todo, un ecosistema autónomo, un territorio donde los ritmos sistémicos –la lenta litanía de las transacciones, los networkings protocolarios, las reivindicaciones sectoriales– operan como una burbuja. Dentro de sus pabellones, regulados por sus propias leyes, ni siquiera llegan los ecos de la guerra: mientras en ciertas latitudes geográficas el ritmo de fondo es el de drones y bombardeos, aquí el sonido ambiente es el de las conversaciones en modo vernissages y el crujir de las tarjetas de visita. España, paradójicamente, es en este contexto el único país europeo que alza la voz –con las recientes declaraciones de Pedro Sánchez frente a Irán–, pero esa voz resuena lejana, casi irrelevante, en el microcosmos de la feria.
Al salir, la sensación es la de haber transitado por un universo paralelo. ARCO, en su esplendor, refleja así la paradoja de un arte que aspira a ser espejo del mundo, pero que a veces solo logra ser el espejo de sí mismo.
El diseño de Pedro Pitarch convierte ARCOmadrid en una metrópolis efímera. En el Programa General, que agrupa a 175 galerías, destacan nombres consolidados del panorama español como Elba Benítez, Leandro Navarro, Nordés, Travesía Cuatro, ProjecteSD, Prats Nogueras Blanchard, 1 Mira Madrid / 2 Mira Archiv, Alarcón Criado, Cibrián, Elvira González y T20, junto a nuevas incorporaciones como Río & Meñaka, Memoria, Blue Velvet y Fermay, que este año dan el salto desde la sección Opening. La representación italiana, por su parte, es también notable con galerías como Lia Rumma (Nápoles/Milán), Massimo Minini (Brescia), Francesca Minini (Milán), Gilda Lavia (Roma), Monitor (Roma), P420 (Bolonia), Pinksummer (Génova), Prometeo Gallery (Milán), Studio Trisorio (Nápoles) y Vistamare (Milán/Pescara).
Lo que salta a la vista, sin embargo, es la predominancia de lo figurativo y lo orgánico: cuerpos, flores, animales y paisajes idealizados pueblan los stands, como si el arte buscara un refugio tangible, ante la crisis ecológica y social. En Opening, comisariada por Rafa Barber y Anissa Touati, esta tensión se hace aún más evidente. Las 19 galerías emergentes –entre ellas Callirrhoë (Atenas), El Chico (Madrid), Og Gallery (Estambul), Reservoir (Ciudad del Cabo), Selebe Yoon (Dakar), Villa Magdalena (San Sebastián/Madrid), 4710 Gallery (Tiflis), ADA (Roma), Gratin (Nueva York), Enhorabuena Espacio (Madrid) y Linse (Buenos Aires)– exploran lo que lxs comisarixs llaman un «estado de presente»: un tiempo marcado por la precariedad, la aceleración y la dificultad de proyectar futuros estables.
La sección ARCO2045: El futuro, por ahora, comisariada por Magali Arriola y José Luis Blondet, plantea una pregunta incómoda: ¿Es el futuro un lugar de esperanza o un espejo de nuestros errores? Las 17 galerías participantes –como Commonwealth and Council (Los Ángeles), David Nolan (Nueva York), François Ghebaly (Los Ángeles), Pace Gallery (multisede), Capitain Petzel (Berlín), Carlier | Gebauer (Berlín), CarrerasMugica (Bilbao), Mor Charpentier (París) y Proyectos Ultravioleta (Guatemala)– presentan obras que oscilan entre la ironía y la distopía. Candice Lin (François Ghebaly) confronta al público con cenas familiares donde la cabeza de Henry Kissinger aparece como invitado macabro, mientras que Nicole Miller (Carlier | Gebauer) utiliza un láser para cortar el tiempo, como si el futuro fuera un material frágil y volátil. La sección, en su conjunto, parece sugerir que el porvenir no es una promesa, sino un territorio en disputa.
En Perfiles | Arte Latinoamericano, comisariada por José Esparza Chong Cuy, el enfoque es otro: la memoria como acto de resistencia. Las 12 galerías participantes –entre ellas Galatea (São Paulo), Commonwealth and Council (Los Ángeles), Pequod Co. (Ciudad de México), A Gentil Carioca (Río de Janeiro), Embajada (San Juan), Isla Flotante (Buenos Aires) y NASAL (Quito), Barro (Buenos Aires)– presentan artistas como Harold Mendez, que explora las tensiones entre visibilidad y ausencia, o Las Nietas de Nonó, cuyo trabajo vincula memoria ancestral y justicia ambiental desde el Caribe. Aquí, el arte latinoamericano no se define por un estilo, sino por una sensibilidad compartida hacia lo social, lo material y lo vivido.
ARCOmadrid es, ante todo, un motor económico. La feria ha confirmado la presencia de 400 coleccionistas y 200 profesionales de 40 países, así como adquisiciones por parte de instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), el IVAM (Valencia), Es Baluard (Palma de Mallorca), la Fundación María José Jove (A Coruña) y la Fundación Sorigué (Lérida). Pero este año, el mercado convive con una protesta que, aunque no ha sido disruptiva, es imposible ignorar. Como contábamos en este artículo, el IVA cultural del 21% sigue siendo el símbolo de una desigualdad que, según el sector, ahoga la competitividad de las galerías españolas. Muchos exhiben con orgullo sus pins reclamando su reducción, pero también saben que ARCOmadrid es su mejor vitrina.
En este contexto, la Unión de Artistas Contemporáneos ha llevado su lucha al corazón de la feria. Su Manifiesto por la dignidad y el reconocimiento profesional y laboral del colectivo artístico visual, que ya supera las 10.000 firmas, no solo reclama una reducción del IVA, sino que expone una realidad estructural: el sector cultural aporta el 2% del PIB español, pero se sostiene sobre una base de precariedad. Más de la mitad de lxs artistas visuales ingresa menos de 10.000 euros al año, y el 88% no puede mantenerse dado de alta como autónomo de forma continua. El manifiesto, presente en un estand propio dentro de la feria, exige medidas concretas como la bonificación de cuotas para autónomxs de bajos ingresos, el reconocimiento de la discontinuidad laboral y la adaptación del IVA al 4%, equiparando el arte a un bien esencial. Su mensaje es claro: «Solo si somos muchos hablando al mismo tiempo, nuestra voz será escuchada».
La pregunta, sin embargo, sigue en el aire: ¿Puede ARCOmadrid, como plataforma global, ser también un espacio de cambio real? La feria es, por un lado, un escaparate para el arte español; por otro, un reflejo de las contradicciones de un sistema que celebra la creación pero no siempre protege a quienes la hacen posible. En este equilibrio precario, la presencia del manifiesto y su demanda de dignidad laboral funcionan como un recordatorio incómodo: el arte no es solo un producto, sino un trabajo que merece condiciones justas.
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