Retrato de Eugènia Balcells entrevistada en el interior de la cúpula de 'Des del centre' en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), junio de 2025. Cortesía de Estudi Eugènia Balcells.
Eugènia Balcells (Barcelona, 1943-2026), pionera del cine experimental y el arte audiovisual en España, ha fallecido este domingo a los 82 años. Su obra, marcada por una exploración constante de la percepción, la luz y el sonido, deja una huella imborrable en el arte contemporáneo. Formada como arquitecta técnica en la Universidad de Barcelona y con un máster en Arte por la Universidad de Iowa, Balcells desarrolló un lenguaje visual único, capaz de conectar disciplinas aparentemente distantes y de revelar las estructuras invisibles que organizan el mundo.
Desde finales de los años 70, su práctica artística transitó de una crítica a los estereotipos y la cultura de masas hacia una indagación más profunda en los ritmos cósmicos, los lenguajes simbólicos y la vibración de la materia. Sus películas, instalaciones, videopartituras y performances se caracterizaron por una mirada que investigaba lo intangible desde lo cotidiano, buscando siempre puentes entre arte, ciencia y filosofía.
Balcells expuso en instituciones de prestigio internacional, como la Fundació Joan Miró y el Museu d’Art Contemporani de Barcelona, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la Casa de las Américas en Madrid, el Museo del Barrio en Nueva York y el ZKM de Karlsruhe, entre otros. Su obra forma parte de colecciones como las del Reina Sofía, el MACBA, el IVAM, el MUSAC y la Colección Fundación «la Caixa».
En 2020, estableció la Fundació Eugènia Balcells en Castellar de la Selva, un espacio concebido para fomentar el diálogo entre arte, ciencia y filosofía. Su contribución al arte contemporáneo fue reconocida en 2025 con la Creu de Sant Jordi y el Premio Honorífico de los Premios GAC, distinciones que subrayaron su papel como figura esencial en la cultura catalana y española.
En 2025, el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) presentó Des del centre, una instalación multimedia que reinterpretaba su obra emblemática From the Center (1980–1982). Originalmente concebida en Nueva York, esta pieza pionera del videoarte multicanal se componía de doce pantallas que mostraban fragmentos del entorno urbano —el vuelo de pájaros, el tráfico, la luna cruzada por un avión— en diálogo con el sonido experimental de Peter Van Riper.
La exposición en el MNAC transformó la Sala Oval en un espacio inmersivo, con una cúpula iridiscente —el Globus Òptic— que invitaba a conectar mirada, cuerpo y cosmos. Como explicó Balcells en una entrevista concedida a esta revista durante la muestra, From the Center no buscaba representar Nueva York, sino capturar su energía y sus ritmos. «Lo que me interesaba era la danza energética de la realidad», confesó. «Quería registrar lo que no se ve, pero se intuye».
Para Balcells, el tiempo era un eje central. En From the Center, exploró sus múltiples dimensiones: el tiempo cíclico de la naturaleza, el tiempo lineal de la historia, el tiempo emocional y el tiempo del azar. «Hay dos tiempos fundamentales: el lineal y el cíclico. Pero cuando los juntas, se convierten en una espiral», explicó. Esta espiral, símbolo de evolución, atravesó toda su obra, desde Fuga (1979) hasta Roda do Tempo (2011), una instalación en Río de Janeiro que representaba un «reloj de todas las cosas».
Su práctica artística fue también una reflexión sobre la percepción. «¿Qué vemos cuando miramos? ¿Qué escuchamos cuando guardamos silencio?», se preguntaba. Estas cuestiones, más que respuestas, guiaron su trabajo, siempre abierto a lo imprevisto y a los «regalos» que, según ella, llegan cuando se mira con intensidad.
En la conversación mantenida durante su última exposición, Balcells compartió su visión sobre el centro como lugar esencial: «El viaje hacia el centro es como una espiral. Vas dando vueltas, pero siempre profundizando. Cuando conectas contigo misma, cambias la forma de ver todo». Esta idea, que definió su vida y su obra, sigue resonando en su legado.
Eugènia Balcells dejó una obra que trasciende el tiempo y el espacio, invitando a mirar el mundo desde el centro, desde la luz y desde la pregunta constante. Como ella misma dijo: «Nuestra obra más importante somos nosotras mismas. Y la seguimos haciendo hasta el último suspiro».
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