Oriol Vilanova, 'Nous sommes arrivés jusqu'à ici' (Colonia). Buzón de acero, 212 postales más inventario con las postales que incluye. Cortesía del artista.
Oriol Vilanova, artista seleccionado para representar a España en la 61.ª Exposición Internacional de Arte – La Biennale di Venezia, ha hecho de la postal y de las formas de coleccionar, clasificar y recordar imágenes uno de los principales territorios de investigación de su práctica. En el marco de su participación en el certamen internacional y con la llegada del verano, quisimos proponerle imaginar un viaje.
La ocasión surgió a partir de Viaggi straordinari [Viajes extraordinarios], una sección publicada por exibart Italia que reúne experiencias de viaje singulares y otras formas de recorrer y mirar un territorio, de la mano de distintxs artistas. La respuesta de Vilanova, sin embargo, se alejó de cualquier itinerario convencional o listado de lugares al uso.
El destino elegido fue Colonia, una ciudad que, en palabras del propio artista, le interesa precisamente porque «no es una destinación sexy». Una elección aparentemente poco espectacular que resulta, por ello mismo, especialmente significativa: ¿qué sucede cuando dejamos de pensar el viaje como la búsqueda de imágenes excepcionales y nos detenemos en las formas cotidianas de construir la imagen de una ciudad? Para abordar esta cuestión, Vilanova propuso adaptar una obra existente, Nous sommes arrivés jusqu’à ici.
La obra consiste en una caja cerrada cuyo interior está lleno de postales de Colonia. Las imágenes permanecen fuera del alcance del público. En su lugar, se ofrece el inventario de la colección: los nombres de los lugares representados y las descripciones de cada postal. Vilanova reproduce el lenguaje utilizado habitualmente por lxs vendedorxs de postales, un registro aparentemente neutro y funcional que, separado de las imágenes que describe, adquiere una nueva capacidad evocadora.
Dom, Rheinufer, Hohenzollernbrücke, Rathaus… La sucesión de nombres permite reconstruir mentalmente una ciudad que permanece físicamente oculta. La postal, desprovista de su imagen, deja de funcionar como testimonio de un lugar visitado para convertirse en una posibilidad de imaginación. El inventario opera como un mapa sin territorio; la descripción, como una imagen que el lector debe producir por sí mismo.
La operación resulta especialmente significativa en el contexto de la práctica de Vilanova. Si su colección de postales parte de la acumulación de imágenes encontradas y de las relaciones que pueden establecerse entre ellas, aquí el artista lleva el procedimiento en dirección contraria: las imágenes siguen existiendo, pero se nos niega el acceso a ellas. Solo quedan sus rastros verbales, los nombres y las categorías mediante los cuales fueron identificadas y puestas en circulación.
El itinerario que Vilanova propone no consiste, por tanto, tanto en desplazarse por Colonia como en reconstruirla. El viaje sucede en el espacio mental que se abre entre una descripción y la imagen que imaginamos detrás de ella.
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