Vista de la exposición 'Entes' de Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. Sala 2: La escultura anudada. Foto de Fátima Sanz. Cortesía del Museo Raina Sofía.
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid acoge, hasta el 7 de septiembre, Entes, la retrospectiva más ambiciosa dedicada a Aurèlia Muñoz Ventura (Barcelona, 1926–2011), una de las figuras clave en la renovación del lenguaje escultórico textil del siglo XX. Coincidiendo con el centenario de su nacimiento (del que hablábamos en este artículo), la exposición –organizada junto al MACBA-Museu d’Art Contemporani de Barcelona y comisariada por Fundació EINA– reúne más de 150 obras, muchas inéditas, que trazan cinco décadas de creación, desde los años 50 hasta el siglo XXI.
La muestra desvela un universo poblado por seres híbridos, sin género definido, que la artista denominó entes: cuerpos urdidos, bordados o dibujados que trascienden lo orgánico y lo inorgánico. Según Manuel Cirauqui (einaidea), director científico y comisario de la exposición, junto a Rosa Lleó y Sílvia Ventosa, este concepto es el hilo conductor de la obra de Muñoz, quien concibió cada pieza como una entidad sensible, dotada de alma y presencia «sintiente». La exposición, distribuida en seis salas del Edificio Nouvel, invita a explorar esta «cosmología aurèliana» a través de esculturas, dibujos, maquetas y objetos personales que revelan su método sistemático y su visión pionera.
Entre las joyas de la muestra destacan sus bordados de los años 60, como Homenaje a Jerónimo Bosco (1971), un tapiz de 300 x 475 cm que fusiona técnicas medievales con una estética moderna, o sus esculturas anudadas en macramé de los 70, como Palmera (1974) o Ens comunitari (1976), obras monumentales que abandonan la pared para habitar el espacio tridimensional. También se exhiben por primera vez sus Pájaros-cometa (1980), estructuras móviles inspiradas en la papiroflexia y la navegación, que dialogan con su fascinación por la ligereza y el pensamiento espacial.
El recorrido culmina con sus exploraciones en papel hecho a mano, donde Muñoz experimentó con libros aéreos, móviles y formas marinas como Algas lilas (1985) o Anémona rosa con conchas (1991). Estas piezas, protegidas en urnas de metacrilato, reflejan su preocupación por el medioambiente y su diálogo con culturas ancestrales, como el quipu inca, que inspiró sus libros-quipu.
De este modo, Entes celebra el legado de una artista que desafió las etiquetas en una época franquista y misógina, a la vez que reivindica la vigencia de su obra. Sus entes –seres a medio camino entre lo humano, lo animal y lo abstracto– anticipan debates actuales sobre la interdependencia entre especies, la ecología y la superación de binarismos. Como afirma Sílvia Ventosa, hija de la artista y responsable de su archivo, Muñoz buscaba «la libertad de un pájaro volando», un ideal que hoy resuena con fuerza en sus esculturas suspendidas.
La exposición, que luego viajará al MACBA (Barcelona), se acompaña de un catálogo coeditado y actividades como una charla inaugural con el equipo curatorial y una jornada de estudios el 10 de junio.
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