Retrato del artista Sliman Mansour (Birzeit, 1947 - Jerusalén, 2026).
El arte árabe contemporáneo llora a una de sus figuras más emblemáticas y generosas: el pintor, escultor y profesor Sliman Mansour (Birzeit, 1947 – Jerusalén, 2026), cuya obra se convirtió, a lo largo de más de cinco décadas, en el sinónimo de la memoria colectiva y la lucha por la autodeterminación del pueblo palestino.
Nacido en Birzeit en 1947, solo un año antes de la Nakba, Mansour se formó en la Academia Bezalel de Jerusalén, donde se graduó en 1970, dando sus primeros pasos en un contexto carente de infraestructuras culturales oficiales para lxs palestinxs.
Desde sus inicios, sin embargo, logró construir una poderosa alternativa a las narrativas occidentales, devolviendo en sus lienzos la dignidad, la esperanza y las visiones de su tierra. Entre sus obras más celebradas destaca Jamal Al Mahamel (El camello de la adversidad, 1973), una pieza fundamental en la historia del arte árabe que retrata a un anciano cargador palestino llevando sobre sus hombros a toda la ciudad de Jerusalén.
Durante los años ochenta, frente a la represión y las prohibiciones del ejército israelí —que llegó incluso a prohibir el uso combinado de los cuatro colores de la bandera palestina en las pinturas—, Mansour luchó con tenacidad por la libertad de la creación artística, siendo encarcelado en varias ocasiones y viendo cómo sus obras eran confiscadas.
En 1989, en plena Primera Intifada, Mansour fundó, junto a otrxs colegas, el movimiento New Visions. Como respuesta al llamado a la autosuficiencia y al boicot de los materiales de importación occidentales e israelíes, el grupo revolucionó el lenguaje plástico de la región: fuera los óleos y acrílicos, bienvenidos los elementos naturales y locales como barro, henna, especias, café, cuero, aceite de oliva y cola animal.
Además de ser un creador excepcional, Mansour fue un incansable fomentador de infraestructuras culturales: cofundador de la primera galería de arte en Cisjordania (Galería 79), del Centro de Arte Al-Wasiti en Jerusalén Este y de la primera academia internacional de arte en los territorios palestinos (luego integrada en la Universidad de Birzeit), dedicó décadas de su vida a formar y equipar a las nuevas generaciones de artistas.
Hasta el final, siguió trabajando en su taller y levantó su voz crítica frente a las injusticias históricas y actuales, reafirmando con orgullo el papel del artista en la sociedad:
«Creo en el arte como herramienta social, no como decoración para las casas de los ricos».
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