28 agosto 2026

El Festival MaMa celebra su quinta edición en Madremanya

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Del 28 al 30 de agosto, MaMa presenta una programación centrada en la performance y en prácticas artísticas relacionadas con el cuerpo, la memoria y la experiencia compartida.

En Madremanya, el nombre del pueblo conserva una historia inscrita bajo la superficie. Mater Magna, la Gran Madre, es el origen latino de Madremanya y también el punto de partida simbólico de MaMa, el festival de arte que este verano celebra su quinta edición en el Empordà. Como se detalla en el texto de presentación de la edición, la genealogía de la Gran Madre conduce hasta Cibeles, antigua divinidad anatolia vinculada a la tierra, los bosques y las montañas, y todavía más atrás, hasta figuras mesopotámicas como Inanna. En esta tradición, el paisaje constituye un espacio de relación con lo sagrado, con la comunidad y con aquellas fuerzas que exceden la experiencia individual.

MaMa V retoma esa resonancia para articular, durante tres días, una programación centrada en la performance y en prácticas artísticas relacionadas con el cuerpo, la memoria y la experiencia compartida. Del 28 al 30 de agosto, las calles de Madremanya acogerán un programa gratuito abierto a todos los públicos.

La edición de este año parte de una pregunta especialmente compleja: ¿qué puede hacer el arte ante la fragilidad del presente? La participación de artistas procedentes de territorios atravesados por conflictos armados sitúa esta cuestión en un terreno concreto. Ucrania, Palestina, Líbano y Bosnia aparecen en el programa a través de las experiencias y prácticas de sus artistas.

La performance ofrece un territorio particularmente fértil para esta investigación. Muchas de las acciones se desarrollan en espacios cotidianos de Madremanya. El viernes, el festival comenzará con el taller de movimiento libre e improvisación en danza El cuerpo expresa aquello que las palabras no pueden decir, dirigido por Hilla Steinert. El propio título apunta hacia una de las claves de la programación: la capacidad del cuerpo para dar forma a experiencias que encuentran límites en el lenguaje verbal. Por la tarde, la inauguración dará paso a Visitant Sabha, del colectivo Mardakoosh, integrado por artistas del Líbano y Palestina, y al paseo performativo Defender y proteger, de la artista bosnia Maja Zećo.

El sábado ampliará esta exploración con un taller de cianotipias para público infantil y juvenil, dirigido por Laia Rubio y Luka Smythe. La técnica, basada en la acción de la luz sobre una superficie sensible, introduce otra manera de pensar los rastros y las huellas. Durante la mañana tendrá lugar también una conversación con Yaryna Shumska, Maja Zećo, Mayssa Fattouh y Shaima Hamad, moderada por Denys Blacker. Sus procedencias —Ucrania, Bosnia, Líbano y Palestina— configuran una constelación de experiencias desde la que abordar las relaciones entre creación artística, conflicto y supervivencia.

A las seis de la tarde, la plaza Major se convertirá en punto de partida de un circuito de performances que recorrerá distintos espacios de Madremanya. El programa reúne artistas catalanxs e internacionales y pone en contacto sensibilidades y formas de trabajo diversas. Helen Collard presentará El lujo de poder olvidar, con la colaboración de Natàlia Espinet, Mireia Zantop, Juliette Murphy, Lourdes Ribé y Teresa Parnau. Eduard Baulida llevará a cabo BASARDA; Maria Puig Parnau, Flores; Natàlia Espinet i Vallès, Cartas de agosto; y Mireia Zantop, SI LENT. También se presentarán El resplandor del carbón, de Isil Sol Vil y Marina Barsy Janer; Haciendo crujir los huesos, de Hilla Steinert; La misma ruta, de Yaryna Shumska; That, Telling, Telling, de Sandra Johnston, y 1 m2, de Devi Estrada y Caesar Baetulo.

Aquí la relación entre las obras y el lugar adquiere un papel central. El circuito convierte Madremanya en una arquitectura temporal para la performance. Los espectadores se desplazan, esperan, observan y comparten trayectos. El pueblo pasa a formar parte de la dramaturgia de las acciones y modifica, a su vez, la manera en que estas son percibidas.

Esta relación entre arte y territorio atraviesa también Flores, de Maria Puig Parnau, que el domingo será el punto de partida de una conversación con Anna Pastor sobre la memoria de la Guerra Civil y la ruta del exilio. La sesión introduce una dimensión histórica que permite establecer conexiones entre diferentes experiencias de conflicto. La memoria aparece aquí como una práctica viva, como una forma de volver sobre los lugares, las ausencias y las historias que continúan dando forma al presente.

El programa del domingo continuará con la intervención de Ocells al Cap en la plaza Major y con la conclusión de Visitant Sabha, de Mardakoosh Collective, concebida como cierre de la acción y celebración. El festival terminará con un almuerzo popular, después de tres jornadas en las que la participación del público habrá constituido una parte esencial de la experiencia.

MaMa incorpora también una dimensión comunitaria que atraviesa el conjunto de la programación. La parada de libros de Edicions Tremendes, editorial del Empordà, la instalación artística de Bumble Stubbs y el espacio de Celrà per Palestina amplían el festival hacia otras formas de producción cultural y participación colectiva. Las conversaciones, los talleres, las comidas y el concierto de Inês Loubet completan una experiencia en la que el encuentro entre personas forma parte de la propia práctica artística.

El nombre de MaMa adquiere, en este marco, una resonancia particular. La Gran Madre pertenece a una genealogía antigua, anterior a las formas religiosas que acabarían dominando este territorio. Su vínculo con la tierra y con aquellos espacios situados más allá de los asentamientos humanos establece una relación sugerente con la manera en que el festival ocupa hoy Madremanya: el arte sale de los espacios destinados habitualmente a su exhibición, entra en contacto con el paisaje y establece una relación directa con la comunidad.

Redacción

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