Vista del Pabellón de España cerrado, tras momentos de confrontación entre el equipo artístico y funcionarios representantes de AECID. 61. Exposición Internacional de Arte - La Biennale di Venezia.
El último día de preinauguración de la Exposición Internacional de Arte – La Biennale di Venezia arranca bajo el signo de la protesta: en los Giardini y el Arsenale, entre inauguraciones, ruedas de prensa y visitas reservadas a profesionales, la huelga convocada por ANGA (Art Not Genocide Alliance), Sale Docks, Biennalocene, Mi Riconosci, Vogliamo Tutt’altro, y respaldada por sindicatos como Usb Veneto y Adl Cobas, ya muestra sus primeras consecuencias visibles. Algunos pabellones registran retrasos en sus aperturas y servicios, mientras que la librería de la Bienal ha bajado temporalmente la persiana por adhesión de sus trabajadorxs a la movilización.
A lo largo de la mañana, varios pabellones en los Giardini han cerrado sus puertas al público o suspendido el acceso, entre ellos los de España, Países Bajos, Egipto, Francia, Corea, Austria, Checoslovaquia y Bélgica. Japón y Reino Unido, en cambio, han reabierto: sus respectivos gobiernos han sustituido a los trabajadorxs en huelga. Desde los primeros días, el ambiente ya era distinto al habitual de las previews venecianas. Los paseos están llenos de octavillas, consignas y conversaciones acaloradas entre artistas, comisarios y operadores culturales. Frente a algunas entradas, carteles informan sobre aperturas retrasadas o reducción de personal. En los puntos de restauración y espacios de servicio se perciben los efectos de una protesta que aborda tanto la situación geopolítica internacional como las condiciones materiales del trabajo cultural.
En el centro de las protestas y la huelga sigue estando la presencia del Pabellón de Israel en la Bienal de Arte. A las 16:30 horas tuvo lugar la manifestación convocada por ANGA, con salida desde la calle Garibaldi y anunciada días atrás por grupos activistas. Free Palestine apareció en pegatinas, pancartas y carteles improvisados, mientras el conflicto en Oriente Medio redefine el clima de la exposición.
En el comunicado difundido en los últimos días, Art Not Genocide Alliance acusó a la Bienal de apoyar al gobierno israelí al mantener un espacio oficial para Israel en pleno genocidio en Gaza. El colectivo también denuncia lo que considera una gestión de doble rasero en las participaciones nacionales: duras posturas contra Rusia, pero apoyo institucional a la presencia israelí. En el punto de mira de los activistas está además el ministro de Cultura italiano, Alessandro Giuli, quien días atrás había expresado su solidaridad con la artista Belu Simion Făinaru, representante de Israel en la Bienal.
Sin embargo, la protesta también está ligada a un problema estructural: la precariedad y la fragmentación del trabajo en el sistema cultural veneciano. La huelga de hoy involucra a vigilantes, personal de servicios, trabajadorxs subcontratadxs y parte del equipo operativo de la Bienal. Esto desmiente el comunicado difundido anoche por la Fondazione La Biennale, según el cual las iniciativas de protesta «no afectarían al personal ni a la organización de la institución». Usb Veneto replicó con dureza, reafirmando que la huelga sí incluye a empleadxs de la Fundación e instando a lxs trabajadores a denunciar posibles presiones o represalias. Mientras tanto, en los recorridos de la Bienal, el desorden organizativo causado por la huelga es evidente: colas más lentas en las entradas, servicios reducidos y espacios temporalmente cerrados. El cierre de la librería es uno de los signos más visibles del día, en un lugar simbólicamente central para el funcionamiento comercial y turístico del evento.
Incluso las dinámicas institucionales se han desarrollado de manera inusual. El Pabellón Italia, titulado Con te con tutto de Chiara Camoni y comisariado por Cecilia Canziani, se inauguró con la presencia de la comisaria, la artista y Piero Angelo Cappello, director de la DGCC (Dirección de Creatividad Contemporánea), pero sin los acostumbrados discursos en el escenario del presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, ni del alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro (que llegaron al lugar solo al final de la presentación, para visitar el pabellón). Tampoco estuvo el ministro de Cultura, Alessandro Giuli, quien ya había anunciado días atrás su intención de ausentarse de la inauguración de la Bienal debido a las polémicas políticas.
Queda la sensación de que, una vez más, la Bienal de Venecia ha revelado tensiones mucho mayores que las del sistema del arte. Las obras, las inauguraciones y las estrategias curatoriales conviven con reivindicaciones sindicales, conflictos geopolíticos y posturas públicas, en un evento internacional atravesado por fricciones cada vez más difíciles de contener dentro del mero ámbito cultural.
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