13 julio 2026

La Unión Europea se apresta a suspender el financiamiento para La Biennale di Venezia

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Continúa la larga controversia abierta por la decisión de La Biennale de reabrir el Pabellón de Rusia: Bruselas invoca la tutela de los valores democráticos, mientras Venecia defiende la «autonomía cultural».

Vista del Pabellón de Rusia en la 61. Exposición Internacional de Arte – La Biennale di Venezia. Fuente: exibart Italia.

Disensos y protestas precedieron a la apertura de la 61. Exposición Internacional de Arte – La Biennale di Venezia, y diversas manifestaciones y objeciones la atravesaron tanto durante como después de su inauguración.

Se formalizan y continúan hoy los enfrentamientos entre  de Venecia y la Unión Europea, tras el anuncio oficial de la revocación del financiamiento comunitario de dos millones de dólares a consecuencia de la reapertura del Pabellón ruso. Esta disputa tuvo su origen en los meses pasados, con la decisión de la institución veneciana de readmitir al Pabellón de Rusia en la 61ª Exposición Internacional de Arte, lo cual había provocado severos desencuentros a nivel europeo y nacional. La medida, anunciada por la Comisión Europea a través de la Agencia Ejecutiva Europea para la Educación y la Cultura (EACEA), concierne a una subvención trienal del programa Creative Europe MEDIA destinada a las actividades cinematográficas de La Biennale –desde la formación profesional y los mercados audiovisuales hasta el desarrollo de tecnologías inmersivas– y representa uno de los casos más significativos de conflicto entre la autonomía de las instituciones culturales y la directriz política europea desde el inicio de la guerra en Ucrania.

«Nos enteramos por X a través de autoridades políticas, y no por las autoridades técnicas competentes, de las decisiones adoptadas en relación con la contribución de la European Education and Culture Executive Agency (EACEA) a la Bienal de Venecia», afirma La Biennale en una nota, especificando «haber respondido en los plazos establecidos a todos los puntos de la tercera carta recibida de la EACEA sobre la materia, y estar a la espera de una nota técnica formal por parte de esta para evaluar cualquier posible paso subsiguiente y hacer valer sus razones en todas las sedes competentes. En cualquier caso, continúan los programas afectados, los cuales están co-financiados solo de manera marginal por la citada contribución».

 

La noticia fue difundida en X por la vicepresidenta de la Comisión Europea, Henna Virkkunen: «La cultura en Europa –financiada con el dinero de los contribuyentes– debe promover y salvaguardar los valores democráticos. Dichos valores no son respetados en la Rusia actual», subrayó la comisaria finlandesa.

Ya en el mes de marzo, la Comisión Europea había condenado públicamente la elección de La Biennale, sosteniendo que un certamen respaldado por fondos de la Unión debía promover valores tales como la democracia, el pluralismo, la libertad de expresión y el diálogo abierto, principios que Bruselas considera incompatibles con el contexto político vigente en la Federación de Rusia. Simultáneamente, veintidós Estados miembros habían suscrito una carta dirigida al presidente de La Biennale, Pietrangelo Buttafuoco, solicitando una reconsideración sobre la participación rusa. Por consiguiente, la Comisión había iniciado el procedimiento que preveía la suspensión o revocación del aporte económico, concediendo a la Fundación un plazo para presentar sus alegaciones.

La Biennale, no obstante, no ha modificado su postura en estos meses y la línea defendida por Buttafuoco se ha mantenido idéntica a la expresada desde el anuncio del retorno del Pabellón de Rusia: una institución cultural, según el presidente, no debe transformarse en un instrumento de exclusión política, sino preservar un espacio abierto al encuentro entre culturas, aun en el estricto respeto de las normativas nacionales e internacionales. Esta posición no fue considerada suficiente por Bruselas; de igual modo, no bastó que el Pabellón, formalmente, nunca haya estado abierto al público y que La Biennale haya sostenido en todo momento que su presencia no vulneraba las sanciones europeas.

Al confirmar la revocación del financiamiento, el portavoz de la Comisión, Thomas Regnier, reiteró que los acontecimientos culturales sostenidos por los contribuyentes europeos deben reflejar los valores fundacionales de la Unión y que, en las circunstancias actuales, la participación de Rusia resulta incompatible con tales principios. Los dos millones de euros representan, en rigor, solo una fracción del presupuesto global de la Fundación, pero su retiro constituye un precedente llamado a alimentar el debate sobre la relación entre el financiamiento público europeo y la autonomía curatorial.

La controversia, por lo demás, había adquirido rápidamente una dimensión geopolítica, en vista de que a la protesta de Ucrania se sumaron las de numerosos gobiernos europeos, al tiempo que el ministro de Cultura, Alessandro Giuli, se distanció de la decisión de La Biennale y solicitó la dimisión de la consejera del Ministerio. Paralelamente, la propia gobernanza de la institución veneciana se vio afectada por agudas tensiones, que culminaron en polémicas internas en el seno del Consejo de Administración y en la renuncia del jurado internacional de la La Biennale.

Este artículo fue publicado originalmente en exibart Italia.

Redacción

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