Exposiciones

‘Macula et materia’ de Sally Mann en Kutxa Fundazioa (Donostia / San Sebastián)

Hay artistas cuya obra se despliega a partir de un territorio físico y emocional tan preciso que termina convirtiéndose en una forma de pensamiento. Desde hace más de cinco décadas, Sally Mann (Lexington, Virginia, 1951) fotografía el sur de Estados Unidos como quien regresa una y otra vez a un mismo lugar para descubrir en él nuevas capas de significado. La exposición Macula et materia, que presenta Kutxa Fundazioa (Donostia / San Sebastián) bajo el comisariado de Anne Morin, reúne algunos de los conjuntos fundamentales de su trayectoria y permite recorrer una práctica que ha convertido la fotografía en un espacio donde el tiempo adquiere densidad material.

La muestra enlaza series tan emblemáticas como At Twelve, Immediate Family, los paisajes del sur estadounidense, Faces, Proud Flesh, Delta, Platinum Stones y la reciente Goshen. Aunque cada una responde a un momento distinto de su carrera, todas participan de una misma investigación sobre la memoria, el cuerpo y la transformación. En la obra de Mann, estos asuntos nunca aparecen como categorías independientes. Se entrelazan a través de imágenes que convierten la experiencia íntima en una reflexión de mayor alcance.

La representación de la infancia y el paisaje

Uno de los primeros capítulos de ese recorrido es At Twelve, donde retrata a niñas que transitan el umbral de la adolescencia. Las fotografías eluden cualquier idealización y sitúan a sus protagonistas en un momento de incertidumbre, cuando la identidad comienza a configurarse entre la infancia y la edad adulta. Esa atención a los estados de transición alcanzará una dimensión más compleja en Immediate Family, la serie dedicada a sus tres hijos que marcó un punto de inflexión en su carrera. Las imágenes, cuidadosamente construidas, provocaron una intensa polémica en Estados Unidos por su representación de la infancia. Tres décadas después, mantienen intacta su capacidad para suscitar preguntas sobre la intimidad, la vulnerabilidad y la mirada del espectador.

A comienzos de los años noventa, Mann amplió su campo de investigación hacia el paisaje. Los bosques, ríos, pantanos y antiguos campos de batalla del sur estadounidense se convierten en escenarios donde la historia permanece inscrita en el territorio. La Guerra de Secesión, la esclavitud y la segregación racial emergen como presencias silenciosas que condicionan la percepción de esos lugares. La ausencia de figuras humanas intensifica esa sensación de permanencia, como si el paisaje conservara una memoria imposible de borrar.

En esta exploración resulta decisivo el empleo de procedimientos históricos como el colodión húmedo. Las manchas y alteraciones químicas dejan de entenderse como imperfecciones para convertirse en parte esencial de la imagen. La fotografía revela así su condición de objeto físico, sometido a transformaciones semejantes a las de los cuerpos y los territorios que representa. El propio título de la exposición alude a esa relación entre la huella y la materia, dos conceptos que atraviesan toda la producción de la artista.

Vista de la exposición ‘Macula et materia’ de Sally Mann en Kutxa Fundazioa (Donostia / San Sebastián). Cortesía de Kutxa Fundazioa.

El paso del tiempo como eje central

El paso del tiempo adquiere una dimensión especialmente conmovedora en Faces y Proud Flesh. En la primera, los retratos de sus hijos ya adolescentes abandonan la narración cotidiana para concentrarse en la intensidad del rostro, donde la identidad aparece suspendida entre la permanencia y el cambio. Proud Flesh, realizada durante casi una década, acompaña la enfermedad degenerativa de su marido, Larry Mann. La cámara observa la transformación física con una proximidad serena que evita cualquier dramatización y sitúa la fragilidad humana en el centro de la imagen.

Las obras más recientes prolongan estas investigaciones desde nuevas estrategias visuales. En Goshen, el color parece agotarse hasta rozar la desaparición. La imagen pierde progresivamente sus referencias descriptivas y se aproxima a la abstracción, como si la memoria sobreviviera únicamente bajo la forma de un rastro luminoso. Es un desenlace coherente para una trayectoria que siempre ha entendido la fotografía como un medio capaz de registrar aquello que se desvanece.

Macula et materia ofrece así una oportunidad excepcional para recorrer una de las voces más singulares de la fotografía contemporánea. La exposición, que se podrá visitar hasta el 18 de octubre de 2026, revela la extraordinaria coherencia de una obra que ha encontrado en la familia, el paisaje y el cuerpo distintos modos de pensar la persistencia de las imágenes y la compleja relación entre historia, memoria y experiencia.

Redacción

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