El nuevo espacio de Homesession en el número 24 de Calle Lafont, en Barcelona. Cortesía de Homesession.
Después de diecinueve años de actividad, Homesession inaugura un nuevo espacio en el número 24 de la calle Lafont, en el barrio del Poble-sec de Barcelona. La nueva sede abre otra etapa para un proyecto que ya formaba parte de la escena artística independiente de la ciudad y que, hasta ahora, había desarrollado su actividad en el número 15 de la calle Creu dels Molers, en el mismo barrio. Con motivo de la inauguración, Homesession presenta Es allí adonde voy. Ecos de aquello que fue y no volvió, una exposición que revisita algunos de los proyectos, encuentros y procesos que han acompañado y dado forma a su trayectoria.
Durante casi dos décadas, Homesession ha construido su actividad alrededor de las residencias, los intercambios y las prácticas artísticas situadas, generando contextos de trabajo y convivencia para artistas de procedencias diversas. Parte de esta historia tuvo lugar en una primera sede doméstica, donde la propia condición de vivienda determinaba la manera de producir y compartir los proyectos. Con el tiempo, el programa se ha ampliado a través de colaboraciones internacionales, invitaciones y nuevas formas de encuentro. El traslado a Lafont supone ahora una transformación física que también abre una oportunidad para revisar todo ese recorrido.
La exposición inaugural parte precisamente de ahí. Al entrar en Es allí adonde voy, las obras aparecen como fragmentos de distintos momentos de Homesession que vuelven a encontrarse bajo unas coordenadas diferentes. Algunas fueron concebidas durante residencias; otras nacieron de intercambios, invitaciones o situaciones muy concretas vinculadas a la organización. El cambio de espacio modifica inevitablemente su lectura y hace visible algo que atraviesa buena parte de la trayectoria de Homesession: la relación entre una obra y las circunstancias que la hacen posible.
El título de la exposición procede de un texto de Clarice Lispector y plantea el regreso como una experiencia en movimiento. Volver sobre una obra años después implica encontrarla atravesada por otro tiempo y por otra mirada. El archivo de Homesession adquiere así una dimensión activa, capaz de generar nuevas conexiones desde el presente.
La muestra se organiza en torno a distintas aproximaciones al lugar, la imagen y el cuerpo. El espacio aparece ligado a la memoria, el desplazamiento y las formas de ocupación; las imágenes funcionan como superficies abiertas a la traducción y la incertidumbre; el cuerpo concentra experiencias físicas y sociales que permiten percibir las estructuras que atraviesan cada contexto.
Entre las piezas que articulan este recorrido está Poeta Cabanyes, 68, de Margarita Pineda, un saco de escombros cosido a mano que recupera la primera dirección de Homesession y las conversaciones mantenidas con quienes habitaban aquel entorno. También Lanzamiento, de Daniela Ortiz y Xose Quiroga, devuelve al espacio doméstico una dimensión política a partir de una acción realizada durante la crisis de la vivienda, cuando un encuentro artístico quedó interrumpido por la imposibilidad de acceder al inmueble.
Take Five, de Laura Llaneli, introduce otra forma de traducción. A partir de una partitura de jazz, la artista construye una composición de palabras y voces en diferentes lenguas, desplazando el ritmo hacia la escucha. En Hydrogen Flower, Pablo del Pozo explora esa misma inestabilidad entre superficie, imagen y objeto desde el lenguaje textil.
El recorrido incorpora también trabajos que amplían la exposición hacia cuestiones de memoria histórica y representación. Daniel de la Barra aborda las relaciones entre paisaje, apropiación y extractivismo; Rio Paraná confronta las formas institucionales de conservación del patrimonio con una pregunta indígena sobre restos humanos expuestos en museos franceses; Natalia Domínguez conecta la historia colonial del caucho con la violencia ejercida sobre los cuerpos y el territorio.
En Lafont, Homesession cambia de dirección sin desprenderse de la historia que la precede. Es allí adonde voy convierte esa transición en materia expositiva y permite comprobar cómo un archivo puede adquirir nuevos sentidos cuando cambia de lugar. La nueva sede comienza así su recorrido mirando hacia atrás, pero con las puertas abiertas a todo aquello que todavía está por suceder.
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