05 junio 2026

Anna Irina Russell en el Museo Can Mario (Palafrugell) de la Fundació Vila Casas

de

Comisariada por blanca arias, la exposición invita al público a habitar un ecosistema donde la vulnerabilidad y la interdependencia se hacen tangibles.

Vista de la exposición 'Neix en l'aire la primera flor' de Anna Irina Russel en el Museo Can Mario de la Fundació Vila Casas. © Eva Carasol. Cortesía de la Fundació Vila Casas.

La respiración como acto poético y político centra la nueva exposición de Anna Irina Russell en el Museo Can Mario de Palafrugell. Titulada Neix en l’aire la primera flor (Nace en el aire la primera flor), la muestra convierte el espacio del museo en un cuerpo vivo, donde el aire se materializa en esculturas, instalaciones y dibujos que exploran su dimensión física, afectiva y social. Comisariada por blanca arias, la exposición invita al público a habitar un ecosistema donde la vulnerabilidad y la interdependencia se hacen tangibles.

Russell, artista barcelonesa nacida en 1993, lleva años investigando los lenguajes no verbales y las formas de comunicación más allá de lo humano. En esta ocasión, su trabajo se enfoca en el aire como elemento escultórico, transformando lo intangible en algo palpable. Las piezas, muchas de ellas creadas para la ocasión, dialogan con la arquitectura del museo, que aquí funciona como un organismo respiratorio. Las estructuras inflables, las telas suspendidas y los dibujos conforman un paisaje donde lo orgánico y lo artificial se entrelazan.

El recorrido se estructura en tres ejes conceptuales que desgranan la respiración desde perspectivas distintas. Inspirar aborda el acto de respirar como un gesto colectivo y vital. Aquí, las esculturas inflables imitan el movimiento de pulmones, membranas o sistemas respiratorios animales, recordando que el aire es un bien compartido y un privilegio.

Vista de la exposición ‘Neix en l’aire la primera flor’ de Anna Irina Russel en el Museo Can Mario de la Fundació Vila Casas. © Eva Carasol. Cortesía de la Fundació Vila Casas.

En Espirar, el enfoque se desplaza hacia el contacto y la convivencia. Las piezas exploran cómo la respiración implica un intercambio constante con el entorno y con lxs demás, un proceso que deja huellas materiales y emocionales.

Aspirar, por su parte, abre la exposición a la imaginación y a la posibilidad de otros modos de existencia. Las obras, desinfladas o plegadas, sugieren cuerpos en transformación, capaces de adaptarse y cambiar. Los dibujos realizados al ritmo de la respiración de la artista capturan el movimiento del aire como si fuera una coreografía. El recorrido finaliza con un espacio dedicado a los dibujos de Joana Torres, abuela de Russell, cuya presencia cromática introduce una reflexión sobre la herencia afectiva.

La exposición funciona, de esta manera, como un ejemplo paradigmático del trabajo de Russell, siempre caracterizado por una relación íntima con los materiales y los procesos. Su metodología parte del cuerpo: el alcance de sus brazos, el volumen que pueden contener sus manos o el peso que es capaz de mover definen las dimensiones de sus obras. Como explica la comisaria, esta aproximación, arraigada en una ética feminista, reivindica los límites físicos como parte inherente del proceso creativo. Al mismo tiempo, su trabajo cuestiona las jerarquías tradicionales del arte al incorporar materiales como el textil o el algodón crudo, históricamente asociados a lo doméstico.

Vista de la exposición ‘Neix en l’aire la primera flor’ de Anna Irina Russel en el Museo Can Mario de la Fundació Vila Casas. © Eva Carasol. Cortesía de la Fundació Vila Casas.

«En la práctica de Anna Irina Russell», escribía la misma arias en el libro Blandito, blandito. ¿Qué le hacemos las feministas al arte? (Cielo Santo, 2025), «el aire se presenta como la materia escultórica capaz de ablandar la arquitectura del cubo blanco y, a su vez, alude a la capacidad de adaptación de los cuerpos. (…) Los cuerpos nacidos del cuerpo de Irina son cuerpos que laten, que respiran, que se hinchan para comunicarse con nosotres a través de su dilatación o contracción».

«Así, cada vez que estos cuerpos se inflan», continúa arias, «algo queda en juego: la posibilidad de ser a(bruma)des por la el anhelo de respirar el mismo aire, de compartir atmósfera, de que nos pese la misma humedad, de que nos sofoque el mismo calor». Y quizá sea de este mutuo deseo de contagio que nace el diálogo entre artista y comisaria para esta exposición: de un entendimiento fundamentado en la amistad y en el esfuerzo compartido para generar nuevos códigos lingüísticos, que prescindan de la palabra y atraviesen los cuerpos: Inspira…Espira…Aspira…

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© Eva Carasol.

Anna Irina Russell (Arenys de Mar, Barcelona, 1993) se formó en Bellas Artes y Arte Sonoro en la Universidad de Barcelona. Su práctica se centra en los lenguajes no verbales, las formas de comunicación animal y las posibilidades expresivas de los materiales blandos e inflables.

Recientemente ha presentado exposiciones individuales en Tabakalera (Birika bezain elastikoa, 2025) y Bombon Projects (Un contagi, 2025), y ha participado en exposiciones colectivas en instituciones y centros de arte como la Fundació Joan Miró, Santa Mònica, La Panera, el MACBA, La Casa Encendida y el CCCB. En 2025 recibió el premio Because of Many Suns de la Collezione Taurisano en el marco de Art-o-rama (Marsella), y en 2022 el Premi Miquel Casablancas.

Actualmente es artista residente en La Escocesa y anteriormente ha desarrollado residencias en Hangar y Fabra i Coats. En 2024 publicó Tomar aire, un libro de artista editado por Brillo.

Vista de la exposición ‘Neix en l’aire la primera flor’ de Anna Irina Russel en el Museo Can Mario de la Fundació Vila Casas. © Eva Carasol. Cortesía de la Fundació Vila Casas.
Vista de la exposición ‘Neix en l’aire la primera flor’ de Anna Irina Russel en el Museo Can Mario de la Fundació Vila Casas. © Eva Carasol. Cortesía de la Fundació Vila Casas.
Redacción

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