Martina Rogers Manzano con lxs alumnxs del bachillerato artístico del Institut Josep Brugulat de Banyoles, en el marco del programa Bòlit Mentor 2025-2026.
Desde su creación en 2012, Bòlit Mentor ha tendido puentes entre educación y creación artística. El programa introduce a artistas visuales en centros de educación secundaria para desarrollar proyectos creativos junto a lxs estudiantes. Acompañado por un proceso curatorial, el proyecto culmina cada año en una exposición que da cuenta del trabajo colaborativo entre artistas, alumnxs y docentes. En esta edición, la comisaria Núria Nia ha reunido a Neus Frigola Bagué (Girona, 1991), Agustín Ortiz Herrera (Barcelona, 1970) y Martina Rogers Manzano (Barcelona, 1988) en la Carbonera y la Cisterna del Museu d’Història de Girona para presentar Slime, llim, llot i fang, una muestra que, según el texto curatorial, «invita a aproximarse al arte desde la consciencia de aquellos materiales que se transforman, se descomponen y mueren».
El título de la exposición, que combina referencias a materiales orgánicos y sintéticos, plantea desde el inicio una reflexión sobre la materia y sus procesos de transformación. Slime, llim, llot i fang evoca lo terroso, lo húmedo, aquello que se degrada y muta, pero incorpora también el slime como un elemento disonante que, en palabras de Nia, «abre un marco de incongruencia desde el inicio y nos hace preguntar: ¿qué es esto de la materia?». El arte deja aquí de concebirse como un objeto estable para presentarse como un proceso en constante devenir. Las obras reaccionan al clima, la humedad, la luz e incluso a la interacción con lxs visitantes. Las paredes que gotean, los microorganismos que proliferan o las huellas que dejan los materiales forman parte de una narrativa siempre inacabada. Como señala la comisaria, «es imposible describir las obras de una forma que no queden desactualizadas».
Cada unx de lxs artistas ha desarrollado su propuesta junto a estudiantes de distintos institutos gerundenses. Martina Rogers Manzano trabajó con alumnxs del bachillerato artístico del Institut Josep Brugulat de Banyoles, tomando el barro como material y como símbolo. A través de acciones repetitivas de amasar, observar y transformar la tierra en amuletos o animaciones audiovisuales, el proyecto reivindica el tacto, el error y el azar como elementos constitutivos del proceso creativo.
Por su parte, Agustín Ortiz Herrera propuso a lxs estudiantes del Institut Santiago Sobrequés i Vidal un ejercicio de percepción radical: observar el mundo como si se presentara por primera vez, suspendiendo categorías y prejuicios. El resultado se materializa en instalaciones y piezas audiovisuales que entrelazan biología, ciencia ficción y prácticas artísticas contemporáneas.
Finalmente, Neus Frigola Bagué, junto al tutor Enric Beltran, convirtió el Institut Carles Rahola en un espacio de apoyo mutuo y autoconocimiento. Su mesa sensorial, situada al inicio del recorrido expositivo, invita a lxs visitantes a tocar, desplazar y explorar materiales de diferentes texturas. «Esta exposición es un experimento», advierte desde el umbral.
Las particularidades ambientales de la Carbonera y la Cisterna modifican las piezas día tras día, convirtiendo el espacio en un agente activo dentro del proceso creativo. La descomposición, el rastro, la supuración o el crecimiento de microorganismos forman parte tanto de la estética de la muestra como de su dimensión conceptual. Como explica Nia en su texto curatorial, «es el visitante quien puede interpretar la obra y su narrativa mediante un ejercicio de percepción sensorial». No existe una lectura única, sino una multiplicidad de miradas capaces de generar relatos diversos. El arte aparece aquí como una práctica colectiva en la que confluyen artistas, estudiantes, espacio expositivo y público.
La exposición, que se podrá visitar hasta el 21 de junio, concluye dejando abierta una pregunta fundamental: qué es el arte y al servicio de qué puede situarse. Bòlit Mentor, desde su dimensión pedagógica y experimental, parece responder que el arte puede constituir una herramienta de exploración, un espacio para el acompañamiento o un gesto de resistencia. Las obras expuestas presentan así una constelación de procesos frágiles y cambiantes que recuerdan que la creación es, ante todo, una práctica abierta, viva y en permanente diálogo con el mundo.
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