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Del Louvre a los Uffizi: los museos cierran por el calor extremo

El verano acaba de comenzar, pero las altas temperaturas ya están poniendo en jaque al patrimonio cultural europeo. Museos, monumentos y yacimientos arqueológicos se enfrentan cada vez con mayor frecuencia a olas de calor, sistemas de climatización sobrecargados y fenómenos meteorológicos extremos que obligan a cerrar espacios, limitar el acceso de visitantes o modificar los recorridos de las exposiciones.

No se trata únicamente de una cuestión relacionada con la comodidad del público o del personal. La crisis climática plantea también un desafío cada vez más urgente para la conservación de edificios históricos, obras de arte y colecciones que requieren condiciones ambientales estables.

Si hace algunos años el Reino Unido ya vivió una situación similar —aunque entonces ocurrió en pleno mes de julio—, ahora el último episodio llega desde Florencia. Este miércoles, con la ciudad en alerta roja por calor extremo, los Uffizi restringieron temporalmente la entrada de visitantes y suspendieron la venta de entradas. Las temperaturas excepcionalmente elevadas pusieron al límite el sistema de climatización del museo, mientras varios equipos técnicos trabajaban para recuperar su funcionamiento normal. En el exterior del complejo se acumularon largas colas de visitantes a la espera de poder acceder.

De la Torre Eiffel al Louvre: Francia limita el acceso a sus espacios culturales por el calor

El caso de Florencia no es aislado. Francia lleva varios días bajo una de las olas de calor más intensas de los últimos años, y los espacios culturales se han convertido en un claro reflejo de cómo el cambio climático está afectando también a los lugares destinados a preservar la historia y el arte.

En París, el Museo del Louvre decidió adelantar su cierre hasta las 16:00 horas durante varios días, dos horas antes de su horario habitual. La dirección del museo explicó que las condiciones de visita y trabajo durante las horas más calurosas del día se habían vuelto especialmente difíciles.

Además, advirtió que el histórico edificio «sigue siendo frágil y no está suficientemente adaptado al cambio climático». Una afirmación que resume la situación de muchas instituciones culturales europeas: grandes edificios históricos concebidos en otras épocas y que ahora deben enfrentarse a unas condiciones ambientales para las que no fueron diseñados.

La Torre Eiffel también adelantó su cierre debido al calor extremo, mientras otros centros culturales franceses adoptaron medidas excepcionales. El Museo Gustave Moreau, situado en el IX distrito de París, cerró completamente durante una jornada y aplazó varios actos previstos. El Palais de Tokyo suspendió temporalmente sus exposiciones hasta el 26 de junio. El Castillo de Fontainebleau anunció la posible clausura de algunas salas y la suspensión de determinadas actividades.

La ola de calor también afectó al Jardin des Plantes, donde permanecieron cerrados hasta el 26 de junio las Grandes Serres, la Ménagerie, la Galerie de Minéralogie, el Jardín Alpino y la Escuela de Botánica. Solo continuó abierto el espacio de la Grande Galerie de l’Évolution.

Cierres y restricciones en museos y espacios culturales: España y Reino Unido también toman medidas

La ola de calor que atraviesa Europa ha llevado a numerosos países a adoptar medidas extraordinarias para proteger tanto a los visitantes como a los trabajadores de los espacios culturales.

En España, donde varias zonas permanecen en alerta roja por las altas temperaturas, las autoridades han recomendado limitar el acceso a aquellas áreas de los museos que no cuentan con sistemas de climatización adecuados, así como a jardines y espacios exteriores sin zonas de sombra. El objetivo es adaptar la visita al patrimonio cultural durante los días de calor más intenso y reducir los riesgos asociados a las temperaturas extremas.

La situación también afecta al Reino Unido, que afronta temperaturas cercanas a los 40 grados y una inusual alerta roja por calor. El British Museum difundió un aviso dirigido a sus visitantes en el que recomendaba acudir a primera hora y recordaba que las entradas seguirían siendo válidas durante todo el día. El museo advirtió además de que algunas salas podrían cerrarse temporalmente para garantizar la seguridad y el bienestar tanto del personal como del público.

En Londres, el Tower Bridge permaneció cerrado durante dos días, mientras que el Victoria and Albert Museum restringió temporalmente el acceso a algunas galerías. El Young V&A tuvo que cerrar por completo hasta el viernes y el Natural History Museum limitó la entrada a determinadas zonas.

El calor extremo obligó también a suspender la actividad en lugares como el Royal Observatory y el Cutty Sark, mientras que numerosos parques históricos, propiedades gestionadas por el National Trust y otras atracciones turísticas modificaron sus horarios o cancelaron actividades programadas.

Las lluvias torrenciales en Pompeya muestran la otra cara del cambio climático

Pero la crisis climática no se manifiesta únicamente a través del calor extremo. En Pompeya, la alerta llegó desde el cielo en forma de una intensa tormenta.

Durante la jornada anterior, una fuerte perturbación provocó la acumulación temporal de agua en algunas de las antiguas calles de la ciudad romana. No se registraron daños personales ni desperfectos en las estructuras arqueológicas, pero las imágenes difundidas por el director del Parque Arqueológico de Pompeya, Gabriel Zuchtriegel, mostraron una escena llamativa.

Lxs visitantes pudieron cruzar las antiguas calles utilizando los famosos pasos elevados de piedra —los “pasos de peatones” romanos— exactamente como lo hacían lxs habitantes de Pompeya hace casi dos mil años, evitando mojarse al atravesar la calzada.

El vídeo difundido por el director abrió una reflexión sobre la capacidad de algunas infraestructuras antiguas para resistir determinados fenómenos meteorológicos. Sin embargo, más allá de la curiosidad arqueológica, el episodio refleja una realidad más amplia: el aumento de la frecuencia de fenómenos extremos, con periodos de calor prolongado que alternan con lluvias intensas y repentinas.

Lo ocurrido en las últimas semanas demuestra que los museos y los yacimientos arqueológicos se han convertido en una especie de termómetro del cambio climático. Sus dificultades revelan una transformación más profunda en la relación entre arquitectura histórica, conservación y medio ambiente.

Hasta hace pocos años, el debate sobre la sostenibilidad de las instituciones culturales se centraba principalmente en la eficiencia energética y la reducción del consumo. Hoy la cuestión es mucho más urgente: cómo proteger edificios, colecciones y visitantes en un clima que cambia más rápido de lo que muchas estructuras pueden adaptarse.

La emergencia climática también afecta al sistema energético

La crisis climática no solo está poniendo a prueba museos y lugares arqueológicos. En Francia, el sistema energético también se encuentra bajo presión. La compañía eléctrica EDF ha advertido de posibles reducciones en la producción de varias centrales nucleares, entre ellas Bugey, Golfech, Blayais y Saint-Alban, debido al aumento de la temperatura de los ríos utilizados para refrigerar los reactores.

Cuando el agua alcanza temperaturas demasiado elevadas, la producción debe reducirse para evitar daños en los ecosistemas acuáticos. Según un estudio elaborado por la propia EDF, el aumento de la temperatura de los ríos y la reducción de sus caudales podrían disminuir la disponibilidad de algunos reactores franceses alrededor de un 2 % anual de aquí a 2050.

Una previsión que muestra hasta qué punto la emergencia climática ya está modificando el funcionamiento de infraestructuras que durante décadas se consideraron estables y fiables.

Redacción

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